Este fin de semana Viktor Orbán finalmente fue expulsado del gobierno de Hungría gracias al resultado de unas elecciones históricas para ese país. El que será el nuevo Primer Ministro húngaro, Péter Magyar, ganó en una plataforma anticorrupción y establecer una línea menos confrontacional con la Unión Europea. Orbán era considerado por muchos el “último dictador de Europa” por lo que su salida es una buena noticia para la democracia en el viejo mundo y es un golpe especialmente demoledor para el dictador ruso Vladimir Putin y cualquier día malo para Putin es un día bueno para el resto del mundo.
Durante más de una década Rusia y Vladimir Putin se han dado a la tarea de esparcir su cáncer de corrupción antidemocrática en todos los rincones del mundo donde se lo han permitido. Viktor Orbán es una de las caras más visibles de esa campaña de influencia rusa, y en su rol de defender los intereses de Rusia dentro de su rango de influencia, logró desacelerar y en muchos casos detener las acciones de la Unión Europea para asistir en la defensa de Ucrania.
El resultado de las elecciones de Hungría pone fin al legado de Orbán tanto de corrupción en Hungría como de obstruccionismo en el seno de la Unión Europea. Aunque aún tengo mis reservas respecto de Magyar, espero que como mínimo este cumpla sus promesas de campaña más básicas y dejar que Hungría no siga siendo la piedra en el zapato de Europa.
Pero, como indica el título de este artículo, esta es apenas una pequeña victoria en un campo mucho más amplio de interferencia rusa. Robert Fico, el Primer Ministro de Eslovaquia, quien ha demostrado ser otro tonto útil de Vladimir Putin desde su elección en 2023 va a conservar su posición hasta por lo menos el 2027, y es perfectamente posible que este radicalice su posición dentro de la Unión Europea ahora que no va a poder usar a Orbán como escudo para defender sus posiciones.
Más aún, quedan muchos partidos y fuerzas políticas con conexiones rusas en Europa con la suficiente popularidad como para sumarse a la red de corrupción antidemocrática que viene construyendo Rusia. Esto incluye, pero no se limita a, la AfD y Die Linke en Alemania, la Rassemblement Nacionale de Francia, la Lega Nord de Italia, VOX y el independentismo catalán en España, entre más de los que me gustaría ver sumados a la traición de los valores de sus naciones.
Eso dicho, estamos en los tiempos donde las victorias de los principios liberales y democráticos son esporádicas y muy separadas entre sí, por lo que hay que tomar y celebrar las buenas noticias que sí se manifiestan ya que, después de todo, vivimos en los tiempos de los hombres débiles. Por lo que envío mis felicitaciones a todos los habitantes de Hungría y, con todo mi corazón, espero que este cambio venga con muchas cosas positivas para su país y el progreso de Europa como unión, el mundo democrático desesperadamente lo viene necesitando.

