Mientras más se remueve, más pestilente se torna el olor que emana del vertedero de Duquesa tras la decisión del Ayuntamiento de Santo Domingo Norte de asumir el control del basurero. Despejar las múltiples interrogantes que pespuntan la disputa sobre la administración y destino final de los desperdicios pudiera tener, por lo visto, el mismo efecto que destapar una caja de Pandora.
Hasta la intervención que tanto ahínco ha defendido el alcalde Francisco Fernández se desconocía que del vertedero se extrajera biogás y otros combustibles. La supuesta operación es uno de esos aspectos del conflicto que de ninguna manera se pueden relegar y que la renuencia del edil a proporcionar los detalles que le solicitó el movimiento Participación Ciudadana a través de la Ley de Libre Acceso a la Información Pública torna más suspicaz.
Determinar si la firma a cargo de la administración del vertedero cumplía o no con el contrato es una tarea de los tribunales. Lo mismo que si el Cabildo incurrió, al intervenirlo, en algún tipo de violación. E incluso si la compañía, Lajun Corporation, habría vendido sus acciones de manera irregular a la empresa recicladora Plásticos Dominicanos, así como a los inversionistas Lee Chin y Luis José Asilis, cuyos nombres bailan en el conflicto.
En lo que sí tendrá que intervenir el Gobierno es para determinar si en verdad el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) vendió los terrenos de Duquesa, que cuentan con más de un millón de metros cuadrados, que en la tolvanera legal son reclamados por algunos de los que se disputan el control del basurero. Hasta donde se tiene constancia del lote solo se han enajenado 87 mil metros durante una transacción realizada en 1986.
A pocos días de estallar el conflicto, los empresarios Chin y Asilis aclararon que son los propietarios de la firma Lajun Corporation, así como de los terrenos donde está ubicado un vertedero que, en lugar de administrar, el alcalde Fernández anunció que sería licitado. Al margen de sus intenciones de convertir el espacio en un relleno sanitario y resolver el problema ambiental, es obvio que también tienen que atarse todos los cabos sueltos en torno al conflicto.
Al no ser el primer conflicto que ocurre sobre el basurero, la ocasión es apropiada para que se defina todo lo relativo a la operación de un vertedero que, además de una repelente fuente de contaminación, es una maraña de los más variados intereses. Con la salvedad de que el camino político es la peor vía que podría trillarse para transparentar y resolver la disputa en torno a un basurero, donde también decenas de niños y adultos exponen la salud y la vida como buceadores. No puede ser que en la litis sobre Duquesa lo más limpio, como dijo un empresario, sea la basura.
