Hay una ley universal que han aprendido quienes proceden del Tercer Mundo: Nunca te fíes del liberalismo racial de los lideres del Primer Mundo. Te tolerarán, manipularán, utilizarán, pero nunca lograrás ser uno de ellos, pertenecer a su círculo, ganarte su confianza.
La razón es clara: el racista necesita sentirse superior a sus subalternos. Por eso Paulo Freire decía que el oprimido solo lograría su liberación cuando reconociera al opresor que lleva dentro, que ha internalizado, porque solo cuando aceptas la supuesta superioridad de alguien, ese alguien puede dominarte.
La pena es que muchos se confunden, y aunque sean racialmente blancos, ojos azules, y rubios, no entienden que tienen un estigma: no son anglosajones. Y ese es el caso de Marco Rubio.
Revisando su currículo y autobiografia vemos que miente sobre sus orígenes. Se presenta como un luchador anticastrista, aunque nunca ha estado en Cuba, y sus padres emigraron en 1956, tres años antes del triunfo de la Revolución.
Su abuelo era un trabajador que entró a USA de manera ilegal, lo cual le sacan en cara. Su padre un camarero de banquete, su madre una camarera de hotel , y obrera fabril, experiencia familiar que asumimos debería crear una conciencia trabajadora. Todo lo contrario, tanto en USA como aquí esos orígenes son una compulsión al ascenso social.
Inteligente, Marco entendió que para ser alguien en la Florida había que integrarse a la cultura anticastrista, donde logró sus primeros avances como Comisionado Municipal de la Florida; Administrador de la AID y finalmente Senador. Pena que para lograrlo tenía que hacerse abanderado de los millonarios, y centrar su campaña en la reducción del gasto publico y el recorte de impuestos.
Su campaña para presidente fue famosa porque famosos fueron sus encontronazos con Trump con quien llegó a comparar hasta la dimensión del país; Trump lo dejó pasar porque sabía que Rubio tendría como muchos que capitular, entre otras razones porque es el jefe de la Florida.
Lo invitó a ser Secretario de Estado y le dio poder para cumplir sus obsesiones, entre ellas derrocar a Maduro (“He pasado quince años planificandolo”) y, desde luego a Cuba, que ahora Trump dice que esta más cerca que nunca de caer y desoyendo al Congreso, comienza a cercar con su fuerza naval.
Y, he ahi la trampa. Ahora Trump dice que Rubio, cumpliendo su sueño de juventud, sera “el presidente de Cuba”, cuando Rubio a lo que aspira es a ser el primer presidente latino de Norteamérica.
Tipica reacción de un racista que imagino Rubio no esperaba, como tampoco esperaba que los republicanos perdieran, por primera vez en 30 años, el gobierno de Florida.
!Cosas veredes!

