El Consejo Nacional de la Magistratura será convocado en medio de un intenso tráfago electoral por lo que son válidos los reclamos del presidente de la Suprema Corte de Justicia para que no haya oscurantismo ni acuerdo de aposento en la selección de los jueces de esa instancia, Tribunal Constitucional y Tribunal Superior Electoral.
El propio órgano que la Constitución de la República encarga de seleccionar a los magistrados de esas cortes superiores, ha sufrido traspiés causados por colisiones de índole política, al punto que fue necesario un acuerdo previo entre los partidos Revolucionario (PRD) y de la Liberación (PLD) para que el Congreso aprobara la ley orgánica que lo sustentará.
En el orden institucional se definiría como tragedia mayor si Gobierno, partidos y grupos fácticos se reparten a mejor conveniencia cuotas de poder a través del escogimiento de jueces en la Suprema Corte y los tribunales Constitucional y Electoral, porque significaría un traspiés de consecuencias impredecibles.
Propias instituciones académicas y de la sociedad civil han puesto el mal ejemplo al proponer a juristas de sus propias filas o allegados para ocupar esas altas dignidades, sin que se resalte en primer término los méritos profesionales, éticos y morales que esos candidatos deberían exhibir.
Aunque los futuros integrantes de esas cortes requieren de una aprobación en el orden político y del visto bueno de influyentes bufetes, es menester que la sociedad organizada requiera y presione para que el proceso de elección sea absolutamente diáfano y transparente.
Quienes resulten nombrados jueces de esas elevadas instancias del derecho no deberían agradecer su designación al jefe del Estado, a partidos políticos ni a influencia de sectores empresariales o mediáticos, porque sería como un alquiler anticipado de toga y birrete.
El magistrado Subero Isa, quien forma parte del Consejo de la Magistratura, aboga para que se escoja lo mejor o que por lo menos se seleccionen esos jueces en un proceso caracterizado por la debida transparencia, aunque mejor sería que los integrantes de ese órgano se auxilien de la linterna de Diógenes.
Seleccionar a los jueces de la Suprema Corte, del Tribunal Constitucional y del Superior Electoral, no debería constituirse en juego de póker o en una piñata, porque de lo que se trata es de escoger magistrados competentes, probos, honestos, con prístino historial profesional y personal. De lo que se habla es de democracia e institucionalidad.

