La Orden Departamental que declara como prioridad el diseño y establecimiento de la política de género en la educación básica y pre universitaria confronta a la Iglesia con las autoridades educativas, al punto que el obispo Víctor Masalles define ese programa como “una amenaza contra la vida”.
Masalles dijo que quienes promueven la ideología de género odian la maternidad, promueven el aborto y no quieren saber de la virginidad, aunque la referida disposición promovería “una educación no sexista” entre los diferentes actores del sistema educativo.
No resulta fácil entender cómo, con esa pretendida política de género en los programas educativos se alentaría el aborto, el desenfreno sexual, o que en su conjunto represente una amenaza contra la vida.
El obispo de la diócesis de Baní considera que no es necesario promover el feminismo para lograr la igualdad, aunque la resolución establecería pautas para “contribuir con el proceso de desconstrucción de los estereotipos de género que permean a la sociedad dominicana en todos los niveles…”
En uno de los considerandos de esa ordenanza se propone enfrentar los estereotipos de género que promocionan una masculinidad y femineidad que perpetúan las desigualdades entre hombres y mujeres, lo que seguramente la Iglesia no objetaría.
La promoción del aborto, la degradación de la virginidad afloran como los mayores temores de la Iglesia católica sobre la resolución que establece la revisión de todos los programas de educación básica y pre universitaria a los fines de garantizar la vigencia de una política sostenida en la igualdad de género.
El ministro de Educación, Antonio Peña Mirabal, está compelido a explicar a la comunidad educativa la naturaleza y alcance de esa ordenanza, así como propiciar canales dialogantes con la Iglesia católica y de otras denominaciones que han presentado objeciones a esa iniciativa.
Una sana discusión en torno al contenido de la polémica ordenanza, debería estar exenta de expresiones o alegatos rimbombantes o extremistas, toda vez que el objetivo principal de ese proyecto sería el de promover igualdad de género, que no deberían objetar moros ni cristianos.

