Editorial

Premio o castigo

Premio o castigo

Los resultados de las  votaciones del  domingo confieren al Partido de la Liberación (PLD) una extravagante cuota de poder que  esa organización debería administrar con humildad y sabiduría.

En efecto, el PLD ha obtenido 31  de  las 32 senadurías y 91 de las 157 alcaldías, así como una cómoda mayoría en la Cámara de Diputados.

Se dice que los dioses castigan a los mortales  con la negación de las dotes o con la provisión de bienes en demasía, por lo que  el PLD debe evitar que lo conquistado se vuelva sal y agua o que se reedite la historia del Rey Midas.

 

Es tanto el poder que el electorado ha otorgado en al partido oficial que esa organización tendrá control absoluto en el Consejo Nacional de la Magistratura y, por consiguiente, en la conformación de la Suprema Corte de Justicia (SCJ).

  Asimismo, el Congreso morado designará  a los miembros del Tribunal de Garantías Constitucionales, de la Cámara de Cuentas y de la Junta Central Electoral (JCE) y del Tribunal Superior Electoral.

La reflexión del secretario de la Presidencia, doctor César Pina Toribio, de que el PLD debería asumir su arrollador triunfo electoral  con humildad y con el compromiso de  trabajar en favor de la ciudadanía, debería servir como punto de inflexión hacia una  nueva conducta alejada de la petulancia y la opulencia.

El presidente Leonel Fernández emerge como el gran triunfador en términos políticos de la  contienda cívica, pero es menester  advertir  que de lo que haga o deje de hacer el mandatario  dependerá si ese manjar de poder ha sido otorgado como premio o castigo.

Debería ser breve la estadía de  perdedores en el muro de los lamentos, pues se requiere  reflexionar sobre las razones del revés, para para que una posible rectificación pueda servir de garrocha que ayude a  alcanzar el terreno perdido.

Ojalá que Gobierno y PLD sepan administrar tanto poder con sabiduría, honradez, humildad y  vocación de servicio para que se hagan merecedores de la confianza depositada por el electorado.

El Nacional

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