Escuchar y diálogar es un buen ejercicio para mantener la convivencia pacífica. La Conferencia del Episcopado Dominicano lo hace suyo en su mensaje del día de La Altagracia. El camino está preñado de injusticias y luchas tras bambalinas.
Los graves problemas de la sociedad dominicano no se van a solucionar con el silencio que en ocasiones es cómplice, con los culpables que se ponen el ropaje de defensores de los pobres. Se necesitan realidades y mucho trabajo.
Con fino tacto de sacristía, los obispos dan una amplia visión de los males que sufre el país, pero se mantienen lejos de posibles soluciones. Es necesario un poco mas de compromiso de los hombres de sotana y convento.
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Una parte considerable de la sociedad vive hoy al filo de la navaja, culpa de los males que enuncia la pastoral. Tal vez es tratar de empujar a los curas fuera de su zona de confort pidiéndole que señalen culpables reales, y que dejen de ver el daño colectivo.
No todos son culpables por igual, por lo que hay que poner separación de daños y efectos colaterales. Las ancestrales distorsiones son hoy una dura muralla difícil de poder vencer y destruir en solitario. De ahí que estamos totalmente de acuerdo en que hay que escuchar y dialogar.
Pero se necesita un mayor compromiso. Los curas pueden jugar en esa lucha un papel trascendental. Están metidos en el corazón de la vorágine. En las zonas marginadas, tienen presencia en los barrios donde ni siquiera la policía entra, y llegan donde la miseria aprieta en el campo.
Con filosofía no se van a solucionar los problemas, sino en base a la unificación de criterios para que cada cual cumpla con sus responsabilidades. Está ausente la solución comunitaria y colectiva, y sólo quedan en el aire las ideas filosóficas que no llegan a ningún sitio.
El compromiso de la iglesia con la verdad y en la búsqueda de soluciones a los niveles de vida de los humildes, se debe manifestar. No se le pide que tome el fusil como lo hizo el padre Camilo Torres, pero sí que sea vanguardia en la lucha diaria de los dominicanos.
Algo positivo es que en su homilía no le dan las espaldas al gran pueblo y plantean los males que le cercenan las esperanzas terrenales de un mundo mejor. Es hora de buscar soluciones y la iglesia dominicana debe estar en la vanguardia, luchando en forma militante por los desamparados de la fortuna.
Manuel Hernández Villeta

