Presencia económica



¿Armas al por mayor?
El mundo avanza cada vez más hacia un proceso creciente de armamentismo, lo que se pone en evidencia al analizar datos ofrecidos por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI), reconocida entidad que tiene sede en la ciudad de Estocolmo, Suecia.

Así, al cierre del pasado año 2018 el gasto militar a escala planetaria supero los 1,8 billones de dólares, lo que significa que el mundo dispuso de 3,5 millones de dólares por persona en gastos destinados a la defensa (abarcando armas y pertrechos bélicos, así como en ejércitos).

El negocio de la producción y ventas de armas de todo tipo es un componente de la economía militar el cual ha pasado a registrar un ostensible repunte a escala planetaria, afectando de manera sensible el desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras en la esfera de la economía civil.

El enfrentamiento competitivo entre potencias económicas suele adoptar formas geopolíticas expresadas a través de contradicciones político-militares que propenden a retomar la pérdida de fuerza en la producción y comercialización de bienes y servicios dirigida a satisfacer los requerimientos de los consumidores de la economía civil.

Así, durante los años que sucedieron al fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Estados Unido puso en práctica su política de fortalecimiento de los gastos de defensa a través del naciente Complejo Militar-Industrial (CMI) definido en 1961 por el entonces presidente Dwight Eisenhower como una expresión de los intereses económicos dominantes que se entremezclan con la esfera de los gastos de defensa.

Hay que afirmarlo de manera categórica: La estructura de gobierno norteamericano representa la máxima expresión institucional del gasto militar a nivel global, según datos verificables del SIPRI..
La acreditada organización no gubernamental aporta datos que confirman una verdad harto conocida: Estados Unidos es la locomotora de los gastos de defensa a nivel mundial, fenómeno que guarda correspondencia con la actual política exterior de Washington.

En efecto, la Administración de Donald Trump incrementó durante el 2018 los gastos de defensa por encima de los 649 mil millones de dólares, representando el 36 por ciento del pastel consumido en la economía mundial. Vende todo tipo de armas a más de 98 países.

Naturalmente, en el suculento negocio de las ventas de armas no sólo se encuentra Estados Unidos, sino que a éste también concurren Rusia, Francia, Alemania y China, entre otros países.

Téngase presente que los gastos de defensa expresan un interés de control político-militar de un país sobre otro, así como un medio comercial para la captación de ingresos dirigido a viabilizar una ejecución presupuestal tendente a satisfacer los requerimientos del consumo civil.

Pero nunca debe olvidarse que los gastos militares consumen recursos financieros que perfectamente deberían ser destinados, por ejemplo, a la ciencia y tecnología para fortalecer la productividad y competitividad de la economía civil.