La temporada ciclónica, que comienza el martes, trae en carpeta unos 15 ciclones tropicales, incluidos siete tormentas, cuatro huracanes moderados y otros cuatro ciclones de gran intensidad, sorprendería a República Dominicana sin un requerido Fondo Nacional de Emergencia ni coordinación efectiva en planes de riesgo.
Aunque Defensa Civil y Centro de Operaciones de Emergencia (COE) afirman que están en condiciones de afrontar eventuales situaciones de desastre, se sabe que el Gobierno no ha podido acceder a fondos de cooperación española porque el país carece de un reglamento que sustente y financie programas de prevención y mitigación de daños.
Más aún, el Fondo de más de 200 millones de pesos contenido en la Ley de Gastos Públicos de 2010 para ser empleado en emergencias por desastres naturales ha sido virtualmente agotado en asistir a damnificados del terremoto que asoló a Haití en enero pasado.
Puede decirse que República Dominicana aún no se prepara para afrontar catástrofes como un huracán de gran intensidad o un terremoto, aunque se admite la existencia de un excepcional inventario de recursos humanos diseminados en las diferentes instituciones de prevención y socorro donde sobran capacidad y vocación de servicio.
El período comprendido entre el primero de junio y 30 de noviembre obliga a asumir todas las previsiones posibles ante el eventual paso de una tormenta, ciclón o huracán, con sus consabidas secuelas de pérdidas de vidas humanas, destrucción, inundaciones, derrumbes y daños a la agropecuaria.
Hay razones para temer que las autoridades no estén debidamente preparadas en términos de recursos y logísticas para afrontar una temporada ciclónica, reputada de intensa y extensa, que podría sobrepasar el período de vigencia como ha ocurrido en otras ocasiones.
A más de la planificación y de la capacidad de reacción rápida ante alerta de ciclón o tormenta, se requiere que la ciudadanía atienda y obedezca a todas las informaciones y recomendaciones que emanen de la Defensa Civil y el Centro de Operaciones de Emergencia, porque se sabe que la desgracia ha estado siempre asociada a la temeridad e insensatez.
Conviene que el Gobierno reponga desde ya los recursos del Fondo de Prevención y Mitigación de Desastres, que se articule un efectivo programa de emergencia, a los fines de que la llegada de cualquiera de los 15 ciclones previstos en la temporada de huracanes no cause daños mayores. Prevenir en vez de lamentar.

