Editorial

Proconsumidor

Proconsumidor

Por sus elevados estándares de eficiencia,  vocación de servicio y valor en hacer cumplir la ley, el  Instituto  de Protección de los Derechos de los Consumidores (Proconsumidor) se erige hoy como  una de las instituciones oficiales de mayor credibilidad y compenetración con la población.

Sin más armas que la ley y la razón, esa entidad ha  emprendido cruzadas   en procura de que  los consumidores no sean timados por ninguno de los  intervinientes en la cadena de producción o comercialización.

 Proconsumidor inició  el desmantelamiento de una  añeja estructura mafiosa  en    envasadoras de gas licuado de petroléo, cuyos medidores  fueron alterados para ofrecer menor cantidad del producto  que la pagada por los clientes.

Ese operativo  desató los mil demonios entre empresarios del sector y áreas del propio Gobierno, que intentaron intimidar a la directora de la entidad, licenciada Altagracia Paulino, quien pudo campear la tormenta de intereses.

Cuando una grosera actividad especulativa intentó elevar hasta las nubes el precio del azúcar, Proconsumidor denunció esos espurios  propósitos y  advirtió que sometería a la justicia a los comerciantes inescrupulosos.

 La directora de Proconsumidor dispuso también el decomiso de  alimentos vencidos  o en mal estado ofertados en góndolas de colmados y supermercados, lo que también le  granjeó malquerencia de sectores que no controlan su desbordante afán de lucro.

Se destaca la  exhortación  de esa institución para que las amas de casa no cubran con fundas plásticas  arroz ni otros alimentos en cocimiento, porque  ese material genera  sustancias que puedes ocasionar cáncer.

 Merecidos son los vítores a la licenciada  Paulino y  a su equipo  de Proconsumidor por su valiente y responsable proceder. Ojalá que otros en el Gobierno se vean en  el espejo de esa mujer.

El Nacional

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