Opinión Articulistas

Publicidad: el sincretismo

Publicidad: el sincretismo

Efraim Castillo

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(Según la IA, desde una plataforma antropológica la publicidad no es solo «vender cosas», sino un sistema cultural de producción de ritmos y significados. Es el mecanismo que las sociedades contemporáneas utilizan para gestionar sus intercambios simbólicos y clasificar el mundo)

La palabra sincrético tiende a asustar a mucha gente y no sé por qué. De un término usado en la antigua Grecia (1200 a.C.-146 a.C.) para expresar la coalición de dos adversarios contra un tercero, el sincretismo (Plutarco, 46-120 d.C.) -como proceso dinámico- evolucionó hacia un sistema filosófico en que dos o varias doctrinas se unían para estructurar una, pero con sabor a todas.

Luego, el sincretismo —y con él la simbiosis (Simon Schwendener, 1867) —buscaron sus viejas formas, como aquella que emparentó y vistió a los dioses de varias religiones mágicas con un mismo ropaje y concilió ideologías y credos que se distinguían por facetas banales como nombres y destinos. También el sincretismo se estableció como una actitud que en la teoría del conocimiento (gnoseología) se enfrentó al escepticismo, distinguiéndose entre la ecléctica y la crítica por su optimismo y conciliación.

Muchos han tratado de construir lazos unitarios entre lo sincrético y lo simbiótico, deslumbrados por la incidencia con que la identidad cultural (emergente desde los contextos geográficos, alimentarios, históricos y, desde luego, étnicos) desarrolla, posibilitando la producción de objetos prototípicos, únicos en cuanto a unidad y esteticidad. Pero para alcanzar la categoría de sincrético se requiere el surgimiento del fenómeno simbiótico, de una aleación en que se revuelva un sentido mágico de la existencia a través de una simbiótica cultural, de una especificidad.

De ahí, entonces, que la región del Caribe (excluyendo las islas anglófonas), el norte de Sudamérica, el nordeste brasileño y determinadas zonas centroamericanas y México, estructuren ese contexto excepcional en donde lo sincrético, como particularidad, fue precedido por un fenómeno simbiótico propiciado por la migración forzosa de esclavos africanos y su integración en la cultura blanca. Todo adobado por los violentos sentimientos de represión y desesperanza que coadyuvaron en la conformación de una extraordinaria unidad.

Desde luego, hay un divorcio entre el simbionte -el individuo asociado con otro en busca de beneficios mutuos- y la unidad sincrética por una razón bien simple: por la diferencia sustancial que descansa entre los propios fenómenos que estos desenfrenan.

En la simbiosis, la corporalidad y la convergencia física son vitales, mientras que en el sincretismo sólo son requeridos la carga vital de la idea, la religión, el entorno artificial o cultura y la prodigiosa chispa emanada en conjunto.

De este modo, es posible producir una explicación racional de cómo los movimientos paradigmáticos biológico-físicos de la simbiosis y la naturaleza simbólica del sincretismo, han dejado huellas profundas en la cultura sin el aditamento de un conocimiento sobre otro conocimiento o de una idea sobre otra idea, solo apelando al sincretismo como precursor de la síntesis, que es la generadora principal de las nuevas estructuras. Y con esto no pretendo profanar la gnoseología ni la epistemología.