El presidente Leonel Fernández reveló ayer que el Gobierno desistió del mega proyecto de remodelación del estadio Quisqueya y de construcción de un hotel y apartamentos de lujo en su entorno, lo que constituye una buena noticia para una población que nunca se asoció con esa loca aventura.
En conversación con el periodista Huchi Lora, a quien visitó en su lecho de enfermo en Cedimat, el mandatario dijo que ese proyecto colapsó porque el Banco Caixa, de Portugal, que financiaría la obra, exigió el aval o garantía del Estado para desembolsar un préstamo de 150 millones de dólares.
Lo dicho por el Presidente de que en ningún modo dispondría de fondos públicos para cuestiones de estadio, plazas comerciales, apartamentos de lujo ni hoteles sirve de bálsamo a una sociedad escandalizada por el anuncio de una costosa iniciativa oficial muy alejada de las prioridades nacionales.
El mentado Centro Deportivo y Cultural Juan Marichal, cuya construcción emprendería el Banco Nacional de la Vivienda y Fomento, fue desde su concepción poco más que una afrenta a una nación lapidada por una crisis financiera que ha reducido drásticamente su ritmo de crecimiento económico.
Sólo en la remodelación del estadio Quisqueya se tenía previsto una inversión inicial de 15 millones de dólares, US$5.0 para levantar un museo, así como veinte millones para un estacionamiento y otros veinte millones para un hotel, en una zona baja carente de vocación turística o de negocio.
Ese despropósito incluía también la construcción de dos torres para oficinas, con una inversión de 40 millones de dólares, seis torres de apartamentos, con valor de US$35.0 millones y un centro comercial de 15 millones de dólares.
La ejecución de un proyecto de esa magnitud corresponde al sector privado y no al Gobierno, por lo que se recibe como buena noticia el anuncio presidencial de que ese delirio no será ejecutado.
Al consignar alegría y alivio por el abortaje de esa obra, se aboga para que una locura como esa no se intente repetir de ninguna otra forma.

