Una semana antes de que las autoridades decomisaran en alta mar mil 600 kilos de cocaína, despegó desde Puerto Plata una avioneta con dos mil kilos de la droga en un vuelo que terminó en accidente en Honduras.
Ese avión bimotor, de matrícula estadounidense, partió desde la terminal Gregorio Luperón con un plan de vuelo con destino al aeropuerto Josefa Camejo, de Venezuela, a donde nunca llegó y fue encontrado en una zona rural de Honduras.
La droga fue descargada en una zona selvática de Venezuela o en la pista improvisada de San Pedro, Honduras, donde el aparato se atascó sin poder reemprender vuelo.
Difícil es entender que en menos de una semana ingresen al territorio nacional por vía marítima más de mil 600 kilos de cocaína y salga por vía aérea un cargamento de dos mil hacia la misma zona de origen.
No se entiende por qué se transporta tanta drogas desde la zona Norte dominicana hacia Venezuela o Honduras, lugares donde sería más fácil trasegar estupefacientes desde selvas o costas suramericanas.
Llama la atención que esa avioneta
despegara desde Puerto Plata amparada en un plan de vuelo legal, a pesar de que se retiraron los asientos de pasajeros del aparato para poder acomodar el alijo de droga.
¿Por qué tanta droga de retorno al punto de origen?
Por qué coinciden ingreso y salida de más de tres mil kilos de cocaína desde y hacia Suramérica?
Se sabe que el territorio de la Española ha sido convertido por los cárteles de la droga en punto de almacenaje y distribución hacia Estados Unidos y Europa, definidos como megamercados de consumo.
De lo que no se tenía conocimiento es del uso del suelo nacional para reexportar cocaína hacia lugares cercanos a los centros de producción y procesamiento de esa droga.
Hay razones para escandalizarse porque, además de servir de almacén y puerto de cabotaje, cargamentos de drogas entran y salen de aquí por aire, mar y tierra, con inusitada frecuencia e impunidad.
¿Qué está pasando?

