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Ramiro Matos, ¿ejecutor o adalid?

Ramiro Matos, ¿ejecutor o adalid?

Entre 1959 y 1984, el general Ramiro Matos González ha tenido una protagónica incidencia en cinco acontecimientos lastimosos: Constanza, Maimón y Estero Hondo; la ejecución de Manolo Tavárez Justo y sus compañeros, la revolución de 1965, el asesinato de Francis Caamaño y la matanza de 1984. No se ha producido una investigación, imputación o procesamiento judicial, por cinco razones cardinales:

Uno: Favorecido por las leyes. El Código Penal establece que “las disposiciones del presente Código no son aplicables a las contravenciones, delitos o crímenes militares”.

Dos: Protección de la gobernanza conservadora: el trujillismo y el balaguerismo, y el desinterés de los gobiernos del PRD y PLD.

Tres: No búsqueda de evidencias probatorias. ¿Acaso fueron borrados lotes de los indicios?

Cuatro: Complicidad social, expresada en la connivencia del compadrazgo y los temores, ni creada la reclamada Comisión de la Verdad y la Justicia Histórica.

Cinco: El imperio del talento, capacidad creativa y liderazgo miliciano de Matos González, quien ha visto abiertas las puertas en las élites de los cuerpos castrenses y las esferas intelectuales, por la concurrencia de varias ramificaciones.

A los 95 años de edad, acaba de ingresar a la Academia Dominicana de la Historia y se solaza mirando en retrospectiva los 37 años de su ascendente y renombrada carrera cuartelaria: 1949-1986. Preceptor de miles de oficiales superiores y subalternos, entre ellos tres de sus hijos: un teniente coronel, un coronel y un mayor general, ex jefe del Ejército y quien recientemente ocupó la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD). El nonagenario tiene en su hoja de servicios haber pertenecido a la Plana Mayor de tres instituciones castrenses y una policial. Sus compañeros le rinden pleitesía.

Laureado guerrero por sus contribuciones y récords en su campo de acción, sobre sus hombros se aposentan inculpaciones históricas que, por sus registros periodísticos y bibliográficos, jamás serán borradas del imaginario colectivo. La mejor sustentada penalmente ha sido la querella sobre la ejecución a mansalva del líder político más noble y puro de la sociedad dominicana: Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo). Su conocimiento público desde los estrados, para su respectiva sanción o absolución, acampa como un imperativo que conviene tanto al imputado como a la sociedad.

Como colofón, no rumiando en la garita ni en bala de salva, el mayor general retirado Ramiro Matos González sirena como un multijugador modelo referencial para apostillar en los anales bélicos y socio-políticos de más de medio siglo, y para la enseñanza en las academias, en las barras trazadas, por los valores antagónicos transferidos y resignificados. Irrebatiblemente, las incriminaciones (por hechos espantosos) reproducidas generacionalmente resuenan y se incrustan más descomunal en la colectividad que la cuota de bienes intangibles pedaleados pedagógicamente en un segmento militar puesto en tela de juicio.      (15 de mayo de 2022).

Por Oscar López Reyes oscarlopezperiodista@gmail.com

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