Rebrote del crimen



El asesinato el sábado en el municipio de Licey al Medio de un hermano del arzobispo de Santiago a manos de delincuentes para despojarlo de su motocicleta pone en relieve el áspero rebrote de delincuencia y criminalidad que agobia a la sociedad dominicana.

Domingo Bretón Martínez, hermano del arzobispo Freddy Bretón Martínez, fue muerto a balazos por delincuentes que lo interceptaron mientras viajaba en su motocicleta por la carretera Licey-Moca, crimen que se suma al perpetrado contra el coronel Daniel Ramos Álvarez a manos de un supuesto narcotraficante en Baní.

Los muchos casos de asesinatos, asaltos, atracos y otras modalidades de robo agravado colocan de nuevo a la colectividad en situación de angustia y temor ante el auge de crímenes y delitos, tanto así que la ciudadanía tiene la percepción de que los delincuentes han recuperado control de las calles.

Más del 90 % de los casos de los homicidios, robos, asaltos y atracos son perpetrados por delincuentes reincidentes en ese tipo de conducta criminal, lo que demuestra una mezcla de deficiencia, inobservancia, venalidad y negligencia del Ministerio Público y Orden Judicial.

No se exagera si se dice que en la mayoría de los casos de sometimientos por asesinatos y robos agravados, los delincuentes duran en la cárcel menos que cucaracha en gallinero, situación que se agrava por reiteradas denuncias de venalidad, impunidad o complicidad de autoridades.

La delincuencia ha respondido con el asesinato de un hermano del arzobispo de Santiago, al anuncio del alto mando policial de que incrementaría vigilancia y patrullaje para contener el auge de la criminalidad, señal de que se requiere aun de mayor voluntad política para desalojar a los delincuentes de las calles.

Ciudadanos ordinarios son víctimas a diario de una delincuencia que crece y recrudece, en una sociedad donde los infractores de la ley casi nunca reciben el castigo correspondiente con el crimen perpetrado, por lo que actúan como chivos sin ley o con aparente licencia para robar y matar.

Es claro que la advertencia policial de que se actuará contra la delincuencia no conjura el daño de un flagelo que crece y se consolida, por lo que se requiere que Justicia, Ministerio Público y Policía aúnen esfuerzos para afrontar la violencia, delincuencia, venalidad, complicidad e impunidad, de tal manera que nunca más delincuentes persigan a delincuentes.