“Desgraciadamente, a lo largo de la vida, conocerás muchas máscaras y muy pocos rostros”
Con impúdico desdén se dirigen a nosotros, justificando y, al mismo tiempo, promocionando a toda una pléyade de popis, criados y desarrollados con una sola finalidad, es decir, ser quienes los releven en el manejo de nuestra política o, dicho de otra manera, quienes ejerzan el mando del país, pero, sin explícita y públicamente admitir, que este nuevo estilo de pureza y transparencia es todo un fraude, una indelicadeza, -reitero-, impúdicamente elaborada, la cual sustituyó la dictadura por la imposición del clientelismo político vulgar, corrupto e indolente.
Reconozco a pies juntilla mi ignorancia y limitada cultura, pero, eso sí, consciente sí, consciente en grado sumo sobre mis deberes más que en mis propios derechos y, a pesar de todo, sé cuándo se me quita mi libertad poco a poco, una pequeña restricción por aquí, otra imposición por allá, razón por la cual debo permanecer callado y sumiso para no ser mal etiquetado o acosado, sobre eso, estoy más que consciente.
Y es que, la nueva política plantea tantos cuestionamientos morales, éticos y hasta de pura justicia, que toda una gama sucesora de líderes y desaforados políticos, nos tratan cual, si fuésemos vasallos a la orden de los caprichos y ambiciones de “Onorables”, Ninis, Peluches o Popis, únicos llamados, como engendros de aquellos oportunistas héroes, a gobernarnos, estamparnos y dirigirnos halándonos por el narigón cuales bueyes de carga.
Esta situación ha llegado a tal grado, donde solo falta que, públicamente, nos miccionen encima.
Son en algunos de estos “elegidos” o señalados, donde más se manifiesta ese excedente de teorías, hiperbólicamente enarboladas, que han dejado al descubierto aquello de que, una cosa es con violín y otra con guitarra.
Han sido un fracaso en ejercer el mando, ese que ellos veían como una cosa fácil, hasta que han llegado al momento de hacerlo y el peso de este los ha descalabrado. De nada han valido sus teorías que no sea para hacerlos más millonarios y prepararlo económicamente para las próximas elecciones.
Han conocido que significa la frase que reza: “Las cargas ajenas parecen ligeras, hasta que las llevas tú”, cosa esta palpable en la policía nacional y el fracaso escandaloso de la tan promocionada y publicitada reforma policial que, ciertamente, no ha sido un fracaso policial, si no, político.
Sí, la misma que se ha descantado por el uniforme y la publicidad, es decir, por la forma, dejando de lado el fondo, o sea, el real y efectivo entrenamiento y, sobre todo, la estricta supervisión por parte de una moral gerencia de asuntos internos y, ahora más, con la aprobación de la homosexualidad en las filas y las consecuencias morales, éticas y de disciplina que esto puede conllevar.
Y es que, dentro de las teorías reformadoras, nadie ha hablado sobre el asunto de que cada organismo, público o privado, debe de proveerse su propia seguridad interna, ya que, este problema, ha sobrepasado la capacidad de la policía para individualizar la seguridad, llegando, por demás, a sobrepasar los limites de la prudencia.
Todo el esfuerzo policial debe estar dirigido a la seguridad ciudadana en general, en todas las calles y lugares de libre tránsito, ya que esa es su razón de ser.
Recuperar los miembros desperdigados, iniciando por los “Onorables” y demás políticos, que les encanta andar con una escolta, cuando ellos poseen más que recursos para crear su propio cuerpo de seguridad.
Porque, de nada vale el esfuerzo para ingresar nuevos miembros, sin obviar el cuestionable proceso de depuración e ingreso y, sobre todo, el ingreso de féminas, que una vez salen del entrenamiento, de inmediato va a funciones de oficina o seguridad personal, donde todo esto conlleva el obsceno proceso de promoción o ascensos indiscriminados, como si todo fuese parte de acciones para estar a la moda con respecto a la inclusión de género. ¡Sí señor!
Por: Rafael R. Ramirez Ferreira
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