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¿Reelección más costosa de todos los tiempos?

¿Reelección más costosa de todos los tiempos?

Como testigo activo de la vida política nacional desde mediados de la década de los 50, no había visto una campaña política tan aplastante desde el poder para una reelección, superando por mucho las que vi del doctor Joaquín Balaguer, con su despliegue militar, las trampas manipuladoras del voto con la compra y el conteo, la compra de conciencia con los regalos para los pobres, y la compra de voluntades en el Congreso, lo que se siguió haciendo después con las reelecciones de otros gobernantes, aunque sin el despliegue militar de los doce años, y con las alteraciones del voto más inteligentes y sofisticadas. Ahora son más difíciles las alteraciones en el conteo y el procesamiento de los datos. Dije difícil, no imposible.

Pero la actual búsqueda de la reelección tiene un costo publicitario realmente sin parangón, como también la masiva seducción premiada de adhesiones de candidatos y de líderes municipales opositores en funciones electas, además de una diversidad abrumadora de regalos y servicios coyunturales para los pobres, mediante un programa de varios puntos, claramente muy superiores a los precedentes.

Los anteriores, a diferencia del actual caso, se nutrieron también de fondos provenientes de las numerosas obras públicas que en el presente gobierno han sido escasas, pese a un endeudamiento muy superior.

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Espanta, además, la incomparable subordinación del presente gobierno y el sometimiento al poder extranjero en contra de la dignidad nacional y la soberanía, disfrazada con un despliegue teatral de poses manipuladoras que engañan al común de las personas. Se dice que tiene el mérito de proclamar que “no hay solución dominicana al problema haitiano”; sin embargo, eso no está avalado con hechos concretos coherentes. Es como una pluma al aire.

Por el contrario, se abrieron todas las facilidades a la ONU y ni siquiera se tomaron medidas eficientes con el negocio de los consulados, ni siquiera con la aplicación de la ley  80/20; y mucho menos se detuvo la migración ilegal invasora, con una frontera sin control efectivo, con una real ocupación extranjera, que ya era grande al inicio de su gobierno y que fue por lo menos duplicada en este período, como se reporta en todas las poblaciones del territorio nacional.

¿Y cómo, sin la acción del Gobierno con hechos cónsonos del Poder a lo interno,  y de la inteligencia en el plano diplomático mundial, se podría lograr que la comunidad internacional entienda que República Dominicana no es la solución de Haití, que aquí no está la solución, y que debe ir en su ayuda allá, en Haití,?

No se realizó la campaña internacional de concientización sobre la realidad histórica y presente, y entre otras cosas con el tamaño de nuestra economía y del pequeño mercado laboral, de nuestra pobreza y desempleo, mediante un plan diplomático unificado hacia todas las naciones y organismos beligerantes del mundo, cuya mayoría no conoce la realidad. Ciertamente se ordenó un muro verdadero de control fronterizo, pero después del anuncio, se cambió a una verja ordinaria, que además se fue al misterio del tiempo sin el más mínimo seguimiento institucional ciudadano.

Muy al contrario de lo que se podría esperar, el Gobierno actual manipuló y se aprovechó de la buena intención de patriotas reconocidos que iniciaron un diálogo para acordar un plan de acción del Gobierno para restaurar la soberanía nacional, sin siquiera haber propuesto un plan mínimo de acción como base para el inicio del diálogo nacional en busca del apoyo del país. Solo buscó ganar tiempo, justificar la inercia mientras crecía la ocupación, resultando ese diálogo en nada concreto y provocando grandes desalientos en el pueblo alerta. El movimiento patriótico se replegó.

Las elecciones se han convertido en una feria de medios corruptos contra la democracia.

Sin embargo, no podemos dejar de votar. Es nuestra única arma en estos momentos. Es necesario votar sin pensar quién es el ganador aparente.

Piensa en el futuro de tu país. No pienses en simpatías personales ni familiares.

Si no estás convencido en verdad de por quién debes votar, hazlo por el menos malo posible, pero vota por un Presidente.  No permitas que tu abstención favorezca al que tenga más poder para a movilizar los votantes.

Y hay que votar por el Congreso, para el que hay buenos candidatos. No deberíamos facilitar que el presidente ganador tenga también el dominio del Congreso.

Por Darío Vargas
rd.vargas@claro.net.do

El Nacional

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