Editorial

Reflexión

Reflexión

Los discursos vacuos, las expectativas de cambios en la Administración Pública y la rutina en que se han convertido las ceremonias se han combinado con otros factores para restar solemnidad y sentido a la celebración de la fundación de República Dominicana como un Estado independiente, libre y soberano.

A 166 años que se conmemoran hoy de la  proclamación de la Independencia Nacional la impresión es, lamentablemente, que los ideales patrios se han perdido.  La ambición de poder, el afán de riqueza fácil y el entreguismo parecen primar la vocación de justicia y sacrificio que motivaron la lucha de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y otros abnegados próceres.

Es difícil restaurar la solemnidad del acontecimiento histórico más relevante de la nación sin eliminar el andamiaje artificial que caracterizan las ofrendas florales, desfiles, publicaciones y discursos, con los que sólo se cumple con la formalidad del momento.

La Independencia Nacional debe ser una fecha para integrar al pueblo dominicano en torno a los ideales de la patria. Entristece y desconsuela que el pensamiento duartiano, que fue el faro que iluminó a los independentistas, apenas se conoce en las escuelas públicas y privadas.

Tampoco es hablando de la visión y nobleza de Duarte y sus compañeros como se va a rescatar una efeméride de tanta significación histórica, sino copiando su ejemplo, sobre todo la capacidad de pulcritud, sacrificio y compromiso con la patria con que se entregaron a la causa.

Desde hace tiempo los símbolos patrios no inspiran el menor respeto. Y no sólo por el hecho de que pudieran haber sido utilizados en determinada ocasión para exaltar un nacionalismo de pacotilla. Pero que cada 27 de Febrero se ponga más atención a la expectativa de cambios en el sector público es la mejor prueba de que en materia de ideales se anda mal.

Duarte, Sánchez y Mella merecen el lugar que ocupan. Sin embargo, para valorar y preservar su legado histórico cada dominicano tiene que reflexionar sobre los principios e ideales para que República Dominicana fuera una patria libre, independiente y soberana. Ningún dominicano tiene otra patria que no sea ésta que le legaron sus predecesores.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación