El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no se ha arrepentido ni mordido la lengua sobre la represión comercial ordenada por su colega estadounidense Donald Trump por negarle utilizar el territorio como base para atacar a Irán.
Trump también ha cargado contra Inglaterra por negarse, por primera vez, a acompañar a Estados Unidos en una acción bélica.
El primer ministro inglés solo autorizó al Gobierno estadounidense utilizar una base en el Golfo Pérsico para los bombardeos.
Al amenazar con cortar el comercio e imponer un embargo a España, Trump catalogó a la nación ibérica de un aliado “terrible”.
En una clásica expresión de arrogancia, Trump advirtió que Estados Unidos, de haberlo querido, podía usar las bases españolas sin que pase nada.
El presidente Sánchez, que se ha opuesto a los bombardeos unilaterales, respondió que el Gobierno estadounidense tendrá que respetar los acuerdos con la Unión Europea.
España exporta mayormente aceite, jamón y vino a Estados Unidos.
El conflicto toca en carne viva a República Dominicana por ser las naciones donde reside el mayor número de compatriotas en el extranjero.
Sánchez es el único gobernante que se ha atrevido a disentir sin temor alguno a las violaciones del derecho internacional que se atribuye a Trump, así como a condenar las atrocidades de Israel en la región.
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La advertencia de Trump contra España representa un desafío para Europa en las relaciones con Washington.

