Editorial

    Salvajismo

    Salvajismo

La muerte ayer del joven Franklyn Domínguez Torres, de 23 años de edad, que se dice atracó dos  bancas en una calle de Santiago, perseguido y baleado en Gurabo por la Policía y una multitud que lo  golpeaba, constituye  el más reciente suceso  de los interminables linchamientos de   delincuentes.

Las cámaras de televisión captaron  la cruda escena del individuo que vertía agua sobre la herida de bala en su pecho en un esfuerzo por detener el sangrado, mientras todavía sufría esporádicos golpes de vecinos y de agentes policiales.

El herido  expiró  tras ser conducido en una camioneta de la Policía al hospital público del municipio y la población reanudó sus tareas habituales, como si nada hubiese pasado.

Los casos de linchamientos se han registrado este año  en  Santo Domingo, San Cristóbal, Santiago y otras localidades, sin que las autoridades procuren  evitar tan bárbaro proceder o someter a la justicia a quienes toman la justicia por propias manos y se creen con autoridad para  aplicar pena de muerte.

El ciudadano está facultado por la ley a evitar la comisión de un crimen flagrante, detener o someter a la obediencia al infractor y entregarlo a la autoridad, pero nunca  flagelar o asesinar al presunto delincuente.

Esos actos de linchamientos pueden ser interpretados como respuesta de comunidades a la negligencia que atribuyen a las  autoridades para frenar a la delincuencia, pero aun así constituyen actos de barbarie o salvajismo, cuyos autores deben ser apresados y procesados como homicidas.

En vez de trasladarlo con  prontitud  a un hospital,  policías y vecinos aguardaron   hasta que el joven literalmente se desangrara  para tirar su  cuerpo sobre la parte trasera de una camioneta policial,  acto inhumano, impropio de gente medianamente civilizada.

 Sin dejar de reclamar  que las autoridades frenen a toda costa  el auge de la delincuencia, la sociedad está  compelida a condenar los  crueles actos de linchamientos, que colocan a sus instigadores en la misma condición de delincuentes que  atribuyen a sus víctimas.

El Nacional

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