Editorial

Salvajismo ciudadano

Salvajismo ciudadano

Con la muerte ayer por una turba en Azua de dos  personas  que antes  habían ultimado a un joven de 18 años durante un  atraco, se reedita la trágica historia  de quienes, al pretender  imponer justicia por propias manos,  se hacen reos de crímenes tan oprobiosos como los que endilgan a sus víctimas.

La multitud asesinó a un  ciudadano haitiano y a otra persona, presuntos homicidas del dominicano Edwin Cedano, y prendieron fuego a sus cuerpos en un imperdonable acto de salvajismo.

Se dijo que Cedano resistió el intento de atraco de los dos individuos, uno de los cuales lo mató de varios balazos, en Las Charcas, Azua.

 Familiares y vecinos persiguieron al homicida y a su  cómplice, a quienes  dieron alcance en el lugar  conocido como El Número, donde los lincharon e incineraron los cadáveres.

 Es obvio que quienes asesinaron a esos dos presuntos delincuentes han incurrido en un crimen deleznable por  el cual  deben ser apresados, sometidos a la Justicia y condenados.

La ley penal confiere al ciudadano potestad para  apresar a un infractor en comisión de delito fragrante,  evitar que se perpetre el crimen, con la  condición de que  el delincuente sea entregado de inmediato a la custodia de una autoridad competente.

En ningún caso se concede patente a vecinos ni familiares  de víctimas para administrar justicia y condena, ni mucho menos para  aplicar la Ley del Talión.

Incremento de la delincuencia, benignidad de jueces, indiferencia policial ni incompetencia del Ministerio Público justifican que se instalen tribunales sumarios contra  supuestos delincuentes,  porque los verdugos son para  la ley y la Justicia peores criminales que  sus víctimas.

Se requiere frenar esa modalidad  de salvajismo que perpetran  ciudadanos que  asesinan en nombre de la Justicia.

Aunque es menester desalentar  este tipo de brutalidad colectiva, es preciso reclamar que Policía, Fiscalías y tribunales cumplan con perseguir y castigar a una creciente criminalidad  que  ahoga y hastía a la población.

El Nacional

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