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Sanear el río Ozama

Sanear el río Ozama

Pedro Jiménez

(Y 4)
A pesar de los anuncios de saneamiento del río Ozama hechos por el presidente Luis Abinader en octubre, en noviembre la Superintendencia de Electricidad publicó un “Aviso de Interés Público”, sobre una petición de concesión definitiva para el proyecto, proceso cuyo estado jurídico actual ignoramos.

Sobre estas licencias, el ministro de Medio Ambiente señaló, en enero de este año, que se encuentran estudiando y analizando los mismos y la forma en que fueron otorgados, ya que en marzo de 2017 fue el propio ministerio, luego de la suspensión de la licencia ambiental, el organismo que se había comprometido a otorgar todas las facilidades necesarias para que pudieran trasladarse a otro lugar de menor riesgo y contaminación.

Lo que queremos dejar constancia es de nuestra preocupación que todos estos esfuerzos de saneamiento del río Ozama son incompletos, estériles y parciales, sino se le busca una salida a la barcaza que se encuentra en la actualidad en ese lugar, y, sobre todo, a la que está por venir.

Sabemos que esa empresa ha hecho inversiones en la zona, pero ¿cuánto vale un río limpio, saneado en términos ambientales y, sobre todo, libre de vestigios industriales de manera que pueda ser nuestra mejor carta de presentación para los cruceros que atracan en la ciudad?.

¿Acaso ese es el único lugar en que dichas plantas pueden estar?, ¿no son los ríos Higuamo o Haina de suficiente calado para albergar esas instalaciones? ¿No hay en dichos ríos acceso a gas natural, el combustible que usan estas plantas, (aunque en el caso de la planta existente, la Estrella de Mar II, es mixta y usa fuel oil)?
Como dijo el presidente de la República, el saneamiento del río es integral, y no se corresponde que se estén desalojando astilleros, industrias, personas, barrios completos y se quede una o dos plantas turbinando en pleno acceso a la ciudad, en el corazón de la Ciudad Colonial, como si estuviéramos viviendo en los años 90.

El Estado debe buscarle una solución que le evite un perjuicio a los propietarios de la planta, sin duda, pero que también le evite a los cientos de miles de dominicanos que vivimos en la ciudad de Santo Domingo, tener en la entrada de nuestra ciudad una planta eléctrica, con todo el riesgo que ello supone.

No es aceptable, bajo ninguna forma, tener un parque de generación eléctrica a menos de 100 metros de nuestra Ciudad Colonial. No lo merecen quienes viven ahí, la gente de esos barrios; no lo merece el río Ozama, en constante riesgo de una posible contaminación ante un potencial accidente; y no lo merece el ornato de una ciudad que quiere venderse a los visitantes, como lo que es: la puerta de entrada a las Américas, la primera capital del Nuevo Mundo.

Por: Pedro Jiménez
pjimenez@gmail.com

El Nacional

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