No necesita ser impuesto como libro de lectura escolar. La mayoría encuentra en sus textos los valores culturales, creencias y devociones idiosincrásicas que nos unen y definen como nación, cuyas esencias y orígenes cristianos son innegables. Entre opciones pedagógicas, épicas y éticas, se lleva la palma como material de consultas y enseñanza. Propuesta que no compite con la libertad de culto consagrada en el artículo 45 de la Constitución.
De ninguna manera me refiero a la Biblia instrumentada para la opresión al servicio de intereses políticos y religiosos. “En tiempos de las bárbaras naciones, colgaban de las cruces los ladrones. Mas ahora, en el Siglo de las Luces, del pecho del ladrón cuelgan las cruces”. (Fóscolo). Cuidemonos, eso sí, de falsos profetas e hipócritas, que en nombre de Dios, son capaces de toda suerte de barbaridades.
El estudio del Libro Sagrado invita a la reflexión y a cuestionar ideas y mandatos contrapuestos, en los que destacan puntos luminosos, encontrados también en grandes autores no necesariamente cristianos.
Spinoza, tildado de ateo, nos ofrece en Ética una de las mayores fuentes útiles al análisis deontológico y patriótico. “El fin del estado no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad y que con ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del estado es, pues, la libertad”, entendía este sagrado ateo, que de anticristo no tenía nada.
Que la Biblia sea el eje de una apreciable cuota pedagógica, en la escuela y en casa, no excluye a otros textos y autores, a saber, Shakespeare, Víctor Hugo, Cervantes, Goethe, Rubén Dario, Pedro Henriquez Ureña, Borges, Cortázar, por ejemplo.
En el centro de nuestro escudo, reinan la Biblia y la Cruz, que reivindican el cristianismo, más que como un credo, como impronta heroica, honrosa y cultural. Somos, en tanto hijos trinitarios, herederos y guardianes de un compromiso patriótico que no debemos eludir. La ley 44-00 aclara que su lectura en las escuelas es optativa, con lo que reafirma nuestra condición de nación libre y democrática. Lo cual tampoco es motivo para condenar y crucificar a quienes cuestionan un texto único. Deleznables personeros han querido pescar en rio revuelto en un tema como éste.

