Editorial

Señal de advertencia

Señal de advertencia

Sólo era cuestión de tiempo para que en República Dominicana se registrara el primer caso de cólera, que recayó en un obrero haitiano residente en Higüey que contrajo la enfermedad en Haití donde  estuvo de vacaciones.

Ese caso de contagio, debidamente identificado y  aislado por las autoridades de Salud, no debería ser causa de alarma ciudadana, aunque sí motivar una más estricta vigilancia y control epidemiológico en la frontera.

Wilmo Lowes,  diagnosticado de cólera en una clínica de  Higüey,  sufrió de vómitos y diarrea a su paso por la capital por lo que fue recluido en una clínica y despachado al día siguiente.

Las autoridades de Salud han ofrecido seguridades de que en el caso del obrero contagiado de cólera se aplicaron  todas las medidas de higiene en la clínica donde estuvo recluido y  en el autobús donde viajó como pasajero, para evitar posible propagación de la  enfermedad.

En vez de intranquilizarse por ese caso de cólera, la población  debería  asumir al pie de la letra las recomendaciones de no consumir  alimentos crudos o cocidos  en la calle,  lavarse las manos con agua y jabón y usar y consumir agua hervida o clorificada.

 A causa del avance de la epidemia de cólera, Naciones Unidas (ONU) ha declarado a Haití en estado de calamidad sanitaria y  advertido que el número de hospitalizados podría superar los  300 mil, en menos de seis meses.

Es por eso que se reclama que Salud Pública y  el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (Cesfronf)  consoliden el cerco sanitario a lo largo de la frontera a los fines de evitar a toda costa que  el oleaje del cólera penetre  a territorio nacional.

Llama la atención que  agencias internacionales  de prensa resaltan que ese caso aislado de contagio de cólera fue detectado   muy cerca de los principales  complejos turísticos de República Dominicana, con lo que se procura  infligir daño  a la industria turística  nacional, en período de temporada alta.

Se requiere  que con acciones drásticas de medidas de control sanitario y activa campaña de promoción de salud, el Gobierno envíe un claro mensaje  de que  turistas y residentes no serán afectados por la epidemia de cólera que abate al vecino Haití.

Es claro que el Ministerio de Salud no puede ni debe ceder a presiones o chantajes  para que  permita que los mercados binacionales operen de manera anárquica convertidos en grandes focos de infección epidemiológica.

El cólera no puede pasar.

El Nacional

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