Editorial

Señal de alivio

Señal de alivio

El Gobierno ha dicho que arribó a un acuerdo con la banca sobre la aplicación  del propuesto impuesto del  uno por ciento sobre los activos de las instituciones financieras. Aunque  esa versión no ha sido  refrendada por la Asociación de Bancos,  si  de verdad se  ha concertado  alguna vía de avenencia  redundaría en beneficio de la débil estabilidad macroeconómica.

Se afirma que el acuerdo  consistiría en   que el gravamen tendría una duración de dos años y que se excluirían las partidas de encaje legal y  efectivos en caja  e inversiones en bonos del  Gobierno, lo que  reduciría el importe   de recaudación  estimado de  siete mil a  cuatro mil 500 millones.

La Asociación de Bancos, integrada por unas 15 instituciones,  conocería el contenido del mencionado acuerdo, que  entrañaría una modificación  sustancial  al paquete impositivo  ya enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso.

Se estima como una buena señal de ejercicio dialogante el encuentro entre  el gobernador del Banco Central y el ministro de Hacienda  con representantes de la banca múltiple, al término del cual se anunció el citado acuerdo.

No se entienden las razones por las cuales autoridades monetarias y financieras  elaboraron un  angustiante paquete fiscal sin haberlo discutido antes  con los sectores  que serían  afectados, incluido el de la banca  al que se le asignó casi la totalidad de los más de nueve mil millones de pesos requeridos para tapar el hueco fiscal.

Lo importante sería que Gobierno y banqueros  adopten las providencias necesarias para que  ese impuesto a activos productivos del sector financiero no se refleje en  alzas exorbitantes en  las tasas de interés o en restricciones al flujo de créditos y capitales al sector productivo.

Sin importar las razones del  déficit fiscal , cuyo obligado abordaje ha puesto en peligro el acuerdo Stand by con el Fondo Monetario Internacional (FMI),  autoridades y sector productivo están en deber de  confluir en un escenario que ofrezca garantía de estabilidad de los indicadores económicos, sin que  el remedio sea peor que la enfermedad.

La población no debería cargar con todo el peso de la penalidad que la nación debe pagar por el crack presupuestario, que para  unos  tiene  causas externas y para otros   el dispendio oficial. Que  la carga del sacrificio se active conforme  al nivel de rentabilidad y participación en la  canasta productiva de cada cual.

El Nacional

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