Editorial

Señal ominosa

Señal ominosa

Como escena de película, cuatro encapuchados armados  asaltaron ayer  el casino del hotel Melía Santo Domingo, de donde cargaron con más de RD$2.6 millones, acción  delictiva que  envía una señal ominosa sobre el auge de la criminalidad.

El atraco se produjo de manera relámpago  cerca de las 7:30 de la mañana,  cuando los individuos irrumpieron en el lugar y reclamaron el dinero acumulado durante la noche de juego.

Tal acción criminal causa daños al turismo local, pues no es común que la prensa internacional reporte  un  atraco con ribetes de espectacularidad  como el perpetrado en ese casino.

Llama la atención que  los asaltantes llegaron al lugar en  un  automóvil Toyota Camry  con 12 años de uso, lo que dificultaría su escape en caso de ser detectados por la Policía.

Los investigadores sospechan que  el grupo de enmascarados contó con algún tipo de complicidad de empleados o gente cercana al casino, porque  durante el atraco pudieron identificar con rapidez los lugares donde había dinero.

No se amanece cualquier día con la noticia de que cuatro hombres con pasamontañas y  fuertemente armados, que viajan en un carro viejo, perpetren un atraco  en uno de los principales casinos de Santo Domingo, donde cargaron con millones de pesos.

Es obvio que tan temeraria acción constituye un reto para la Policía Nacional compelida a identificar cuanto antes al grupo de individuos, que por demás se desplazan  armados.

El asalto del domingo al casino del hotel Melía deja poco espacio para más angustia en la sociedad nacional, exasperada ya por tantos atracos, asaltos, ejecuciones y otros  sucesos asociados con el auge de la criminalidad.

La industria del turismo  se afecta con  sucesos como ese espectacular  asalto a una sala de juegos en pleno malecón de Santo Domingo, un hecho  reseñado en muchos portales internacionales.

A las autoridades les llama la atención que ese asalto  fue  perpetrado con rapidez,  conocimiento del lugar  donde  se guardaban los dineros y plena confianza  en que la retirada  se realizaría sin ningún percance.

 Investigadores policiales parecen centrar su atención en posibles  complicidades, aunque intranquiliza saber que ese grupo de  gente armada pueda reeditar su fechoría en cualquier otro lugar.

Su pronta captura es un imperativo.

El Nacional

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