Casi un millón de personas se desplazan desde hoy hacia lugares de playas, ríos y montañas, un notable éxodo que aumenta los riesgos de accidentes en todo el territorio nacional, por lo que las autoridades exhortan a la población a cultivar la prudencia, moderación y buen juicio.
En contraste con los votos de penitencia, oración y reflexión que han de observarse con motivo de Semana Santa, una gran masa prefiere aprovechar el largo asueto para dar riendas sueltas a excesos paganos.
No se niega el derecho ciudadano al ocio o a la diversión, lo que se reclama es que ese precepto se ejerza con sensatez, sin contravenir la solemnidad de una arraigada conmemoración que data de más de dos mil años, como lo es la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Cerca de 40 mil personas se distribuyen por toda la geografía con la encomienda de prevenir accidentes o socorrer a quienes sufran percances en las carreteras y destinos de vacacionistas, por lo que es imperativo que la gente preste atención a las orientaciones de ese personal del Centro de Operaciones de Emergencia.
Dios quiera que no haya necesidad de usar en emergencias médicas decenas de hospitales móviles, más de un centenar de ambulancia, tres helicópteros y otros equipos de socorro habilitados para la ocasión, pero es obvio que la disminución de casos trágicos dependerá de un deseado comportamiento cívico de la población.
Se resalta que una mayoría silente prefiere disfrutar de la tranquilidad de los desalojados enclaves urbanos, que ofrecen la oportunidad de visitar templos coloniales o el hogar de un buen vecino.
En Semana Santa, la oración adquiere especial dimensión espiritual, por lo que en los ruegos al Altísimo ha de incluirse un ferviente pedido por el pueblo haitiano que sufre aún los estragos del terremoto del 12 de enero.
Durante la Semana Mayor, una abnegada feligresía ha de elevar preces a Jesús por la ventura del pueblo dominicano.
Que la sensatez acompañe a los que se van y a los que se quedan.

