Editorial

Si y no

Si y no

Un reportaje del periódico estadounidense The Miami Herald resalta que militares dominicanos facilitan la entrada  de drogas al territorio nacional y que  traficantes internacionales corrompen a los  agentes  antinarcóticos con quienes han llegado a formar cofradía que mueven inmensas cantidades de cocaína por tierra y mar.

Es esa una historia  contada a medias, que contiene muchas verdades y no pocas inexactitudes, porque  si bien es cierto que el narco ha contaminado a estamentos militares y policiales no es menos verdad que  como instituciones las Fuerzas Armadas, la Policía y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) enfrentan con  vigor y valor a ese flagelo.

Lo atribuido  en ese reportaje al  titular de la DNCD, mayor general Rolando Rosado Mateo, de que un 20 por ciento de los miembros de esa agencia antidrogas fue separado  o suspendido por su alegada relación con el narcotráfico, demostraría la preocupante influencia de los cárteles en  el órgano  a cargo de combatirlo, pero también refleja una férrea voluntad por cumplir  con la tarea que le ha sido encomendada.

Es enteramente cierta la afirmación atribuida a Rosado Mateo, de que  la penetración del narco en los cuarteles  no es una situación  aislada, sino  “sistemática y constante”, pero también debería reconocerse que las instituciones militares y policiales  mantienen una constante depuración en sus filas, que  ha producido  la separación y sometimiento a la Justicia de decenas de oficiales  superiores, clases y alistados.

El caso de la matanza de Paya -citado en el reportaje del Herald- tiene tinte de emblemático, pues doce oficiales fueron traducidos a los tribunales y condenados en primera instancia por  el asesinato de  siete  extranjeros en una operación de tumbe de drogas, lo que indica elevada voluntad de desparasitar a las instituciones militares y policiales.

El despido de 418 de los  dos mil miembros que integran a la DNCD puede  ser motivo de preocupación  si se interpreta que  el diez por ciento de la membresía de esa agencia estaría  compuesto por personal corrupto, pero también es menester  asumirlo como una  acción pro activa para evitar infiltración del narcotráfico.

Verdades como montañas son las referidas en ese reportaje en torno a los bajos salarios  que perciben  militares y policías y a la  insuficiente ayuda  de Estados Unidos en los planos  económico, técnico y en donación de equipos, aunque se resalta que  la Drug Enforcement Agency (DEA) ha elogiado la capacidad y movilidad de las autoridades  dominicanas para afrontar  al narcotráfico.

Ante un flagelo que moviliza más de 40 mil millones de dólares anuales en la región, lo sensato debería ser alentar a las Fuerzas Armadas y a la Policía a mantener  en alto su moral de combate y prevención contra el narcotráfico, al tiempo que  continúa con la depuración constante y sistemática  en sus filas, en el entendido de que  bajo ninguna circunstancia  han de permitir que  el narco ahogue a la República.

El Nacional

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