Editorial

Sin engaño

Sin engaño

El  empresariado ha dado cuenta de unas estadísticas aterradoras, que distan mucho del paraíso sobre la economía que suelen pintar las autoridades. En los últimos 10 años, según el presidente de la Asociación de Industrias de República Dominicana, se han perdido nada menos que 116 mil empleos, en tanto el aporte del sector al Producto Interno Bruto (PIB) ha descendido durante ese mismo período de un 34.3 a un 25.8 por ciento.

Mientras la industria ha sufrido las de Caín la ocupación informal ha  marcado el rumbo al subir un 29 por ciento. Que tampoco es la gran cosa. La deficiencia del servicio eléctrico, problemas de financiamiento y la falta de competitividad se han combinado con otros factores para lastrar las exportaciones de bienes y servicios y la generaración de empleos estables y de calidad.

Si se toma en cuenta que en la última década, el empleo en el sector público se ha incrementado en un 24 %, de acuerdo con el empresario Manuel Díez Cabral, y que el formal ha aumentado en un exiguo 8% no hay que dar muchas vueltas para entender que sobre esa base las perspectivas no pueden ser auspiciosas. Máxime cuando sectores fundamentales para el desarrollo parecen cada vez más rezagados.

En función del diagnóstico del dirigente empresarial, lo mejor es no engañarse tratando de maquillar con estadísticas  la realidad de la economía.

Delincuencia

El asesinato  con un balazo de un ciudadano que retornaba de recibir a su nieta en el aeropuerto Las Américas, debería ser el  agua que rebose el vaso de la indignación colectiva, ante la indetenible ola de delincuencia y criminalidad.

Ramón Jáquez Valdez sufrió el impacto  de un disparo hecho por uno de dos atracadores que  le destrozó  sus genitales y la vena femoral, al llegar a su vivienda en Villa Mella, de Santo Domingo Norte.

Ante un crimen como ese no hay más que decir que la población está harta, agobiada,  atemorizada  e indignada ante  el  auge de los asesinatos, atracos, asaltos, violaciones, robos y secuestro, que han convertido a la República en una gran cárcel y paredón donde los delincuentes asesinan impunemente.

El Nacional

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