Editorial

Sin reparo ni clemencia

Sin reparo ni clemencia

La violación y estrangulación de una anciana en una comunidad de La Vega y la golpiza a un sacerdote durante un atraco en  la casa curial de Tenares son sucesos que llaman la atención sobre los valores en torno a los cuales giran los conglomerados sociales.

Lo peor sería tratar como aislados sucesos espantosos, que exacerban la impotencia y que, para colmo, se repiten como eslabones de una cadena de crímenes despiadados,  dignos de estudios del comportamiento de cualquier sociedad.

Se tiene que estar enfermo o simplemente poseído del más absoluto desprecio por principios y valores para abusar y quitar la vida a una anciana indefensa, como ocurrió el 27 de septiembre con Juana Batista Castillo, de 82 años de edad, en Rancho Viejo, Las Canas, de La Vega.

El respeto y los buenos modales  se han perdido, a tal punto que la decencia enaltece a quienes la practican, aun sea en contraste con el comportamiento. Es la amarga realidad, aunque los más llamados a enfrentar la simulación opten por ignorarla.

Cierto es, como está más que patentizado, que la delincuencia no respeta altares, edad, ni nada. Pero se tiene que carecer de todo tipo de clemencia para golpear sin justificación alguna a un sacerdote. Franklin Mena, párroco de Tenares, fue atacado por tres desconocidos que lo despojaron de dinero, la camioneta del templo y otras pertenencias durante un atraco a la casa curial.

El Gobierno y el liderazgo social y político no deben obviar sucesos tan deplorables, que marcan el rumbo que trilla la sociedad, dentro de las discusiones sobre los problemas nacionales. Ha de tomarse en cuenta que si muchos ciudadanos han tomado la justicia en sus manos ha sido en respuesta a la ineficiencia oficial para prevenir y combatir la criminalidad.

 Podrán  ser los sucesos más horrendos de los últimos tiempos, pero la violación y el asesinato de la anciana en La Vega y la agresión contra el párroco de Tenares alertan sobre el eje que nuclea a la sociedad. Mejor sería no engañarse de ninguna forma  y ver esos males en su justa dimensión.

El Nacional

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