Opinión Catalejo

Soberanía en oferta

Soberanía en oferta

Anulfo Mateo Pérez

Parece que ya no quedan palabras —ni adjetivos ni exabruptos— para describir la entrega oficial y vergonzosa de nuestra soberanía a Estados Unidos imperial. El permiso para que el aeropuerto militar de San Isidro y el AILA sirvan como bases operativas del poder bélico norteamericano.

No se trata de una simple concesión: es una genuflexión con acto notarial incluido. El gobierno de Luis Abinader ha decidido ensayar una vieja postura nacional: arrodillarse ante los halcones de Washington.
En 1930, Gringolandia nos regaló al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, alias Chapita.

Un puñado de valientes, tuvieron que desembarcar armados por Luperón en junio de 1949 para intentar corregir ese «obsequio». Diez años después, otros héroes intentaron lo mismo desde Constanza, Maimón y Estero Hondo, el glorioso 14 de junio de 1959. Ajusticiado Trujillo el 30 de mayo de 1961, surgió el Consejo de Estado.

Cuando por fin el país abrazó las ideas democráticas de Juan Bosch, lo eligió presidente el 27 de febrero de 1963… y siete meses después lo tumbaron. Como si la voluntad popular fuese un capricho.
La historia siguió su curso: el pueblo enfrentó al Triunvirato y al desgobierno de Donald Reid Cabral, hasta que el 24 de abril de 1965 estalló la Revolución Constitucionalista que buscaba restaurar a Bosch.

¿La respuesta de Estados Unidos imperial? Enviarnos 42 mil marines, por si acaso el país se acostumbraba a la dignidad y al decoro. Hoy, décadas después, asistimos a un déjà vu muy lamentable.

Se vuelve a mancillar la soberanía nacional de forma grotesca, esta vez sin disparar un tiro: basta con firmar un permiso. El territorio dominicano queda a disposición del imperio, que ha convertido el Caribe en una antesala de guerra contra Venezuela.