Lo que está sucediendo respecto al secuestro del presidente Nicolás Maduro y unos 100 muertos identificados en ataques criminales de EE.UU. a Venezuela, con un saldo de 42 militares venezolanos, 3 civiles y 32 cubanos asesinados, me obligan a retomar el tema de la sociopatía y la política.
Los factores neurobiológicos están asociados al trastorno de personalidad antisocial, centrándose en la identificación de las estructuras neuroanatómicas implicadas, así como en el funcionamiento neurofisiológico.
La sociopatía se expresa en gente “subyugadora”; va desde el sujeto común hasta el de alto nivel intelectual; busca constituirse en líder para tener poder y control; no respeta los derechos de los demás.
Para él, los otros son “cosas”; el sociópata, como es el caso del Trompa, siempre trabaja para sí mismo, aunque diga todo lo contrario; entiende que los demás son meros instrumentos; carece de sensibilidad de la empatía.
Por esa razón el “personaje amarillo”, que ocupa la oficina oval de la Casa Blanca, jamás logrará ponerse en el lugar del otro, y cuando se constituye en líder político reafirma estas características.
Es muy difícil entrar en su cabeza, porque tiene una lógica irracional. La bandera que utiliza siempre es suprapersonal, como los líderes religiosos psicópatas, que apelan siempre a la salvación del más allá.
El sociópata ofrece el hombre nuevo, el proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria; necesita buscar un enemigo, para aglutinar; no se adapta a la tranquilidad, la paz, al sosiego.
Su estructura mental no cambia. Necesita la crisis; ser reconocido como salvador; en la paz, él no tiene papel; por eso las sociedades lideradas por políticos de este tipo viven de crisis en crisis.

