Editorial

Telaraña

Telaraña

Un permanente y extendido activismo electoral desplaza de los primeros planos de la discusión  pública temas de urgencia nacional como  el agobiante alto costo de la vida,  inseguridad  ciudadana y la  dilatada crisis del subsector eléctrico, cuyos debates sobre alternativas de soluciones duran menos que cucaracha en gallinero.

Es el caso del sometimiento hecho por la  Distribuidora de Electricidad (EdeEste) contra  la  generadora AES Dominicana por supuesto incumplimiento de un contrato que obligaría a esta empresa de origen estadounidense a proveer al menos 300 megavatios a la compañía estatal.

AES Dominicana defendió su derecho a proveer energía a  clientes no regulados, como el caso de una multinacional minera, en detrimento de los requerimientos de EdeEste, a cuyos ejecutivos acusó junto a  autoridades de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), de  verter en su  contra “constantes ataques”.

Los ejecutivos de EdeEste alegan que cuando esa empresa  pertenecía  a AES Dominicana, esta  generadora  ganó un concurso para suplir 300 megavatios a  la distribuidora a 0.06 centavos de dólar por un período de 15 años, pero cuando la distribuidora   fue readquirida por el Estado,  la generadora ha pretendido desconocer esa obligación contractual.

El Senado, convertido en Comisión General, no logró alcanzar  algún tipo de solución entre las partes, por lo que se dijo que el conflicto sería dirimido en  los tribunales o en algún escenario de arbitrio internacional, donde el Gobierno ha tenido  amarga experiencia en  confrontar a esa empresa generadora de electricidad.

Se recuerda que AES cedió  EdeEste  a un banco  de inversión de origen francés, que a su vez  demandó al Estado dominicano en cuatro  tribunales internacionales por más de mil  millones de dólares por daños y perjuicio ocasionado por “lucro cesante”, imputado al Gobierno, que  tuvo que,  como  arreglo extrajudicial, adquirir esa empresa por 26 millones de dólares y asumir su cuantiosa deuda.

Ningún poder fáctico o mediático parece interesado  en este nuevo conflicto que  agrava la situación de precariedad del  subsector eléctrico, como tampoco nadie  inquiere saber por qué  no se ha construido  el gaseoducto de 20 kilómetros desde el puerto de Andrés hasta  el complejo  Cogentrix que  ofertaría 300 megavatios producido con gas natural.

Ojalá que la política  ceda  algún espacio en la agenda de prioridades para  que Gobierno y sociedad puedan  abordar con responsabilidad y buen juicio un problema tan serio y acuciante como el que se refiere al hecho cierto de que una telaraña de intereses  inhabilita la capacidad  del subsector eléctrico para poder  suplir la energía requerida por la población y su aparato productivo.

El Nacional

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