Cómo estaría hoy Estados Unidos si el individuo armado que el sábado intentó llegar hasta el salón de hotel donde se celebraba la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca cumple su propósito de dispararle a los comensales, entre los que figuraban el presidente Donald Trump, su esposa Melania, el vicepresidente y parte de su gabinete?
Se encrespan los vellos con solo pensar que una tragedia de esa magnitud pudo suceder el sábado en la noche cuando Cole Tomas Allen, de 31 años, armado de fusil, pistolas y armas blancas, disparó repetidas veces mientras corría hacia el área del hotel Washington Hilton, donde Trump se disponía a pronunciar un discurso.
Agentes del Servicio Secreto, del Buro Federal de Investigaciones (FBI) y de la Policía Metropolitana lograron detener a Allen, un maestro de escuela de 31 años del que Trump dijo que actuó “movido por el odio a los cristianos”, aunque se comprobó que el tirador dejó un manifiesto contra el presidente.
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El tirador es un profesor de nivel básico en la ciudad de Torrance, California, donde vivía junto a sus padres, por lo que la Fiscalía General indaga si actuó como un “lobo solitario”, o si tenía cómplices, pero se sabe que viajó en tren desde California a Washington y que se hospedó en el hotel Hilton con dos días de antelación.
Trump ha sido objeto de tres atentados, en el primero de los cuales una bala le rozó la oreja derecha, en otro el sospechoso armado fue apresado cerca de su residencia en Mar-a-Lago, en la Florida, y el incidente del sábado cuando un hombre armado disparó repetidamente mientras avanzaba hacia el lugar donde se encontraba el mandatario.
La estadounidense es una sociedad muy dividida en términos políticos, enferma de una violencia que se expresa en balaceras que provocan muertes en escuelas, universidades, cines y otros lugares públicos, sin que ni el inquilino de la Casa Blanca quede exento de sufrir agresiones contra su integridad física.
Se resalta que decenas de periodistas invitados en esa cena de gala, sin renunciar al instinto de ponerse a salvo ante una situación de extremo peligro, cumplieron con el deber de informar al mundo a través de sus respectivos medios de comunicación todo lo relacionado con las incidencias del tiroteo.
El presidente Trump, que junto al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, emprendió la guerra contra irán, ante ese inesperado suceso de violencia, pidió a los estadounidense dejar de lado sus diferencias y emular el sentimiento de unidad que dijo prevaleció entre republicanos y demócratas en la accidentada cena de gala. Ojalá que esa reflexión sea simiente de un sincero cambio de rumbo.

