En estos últimos cinco años hemos viajado por el territorio nacional, tomando nota de gente relacionada con el campo para formarnos una idea clara de la situación agropecuaria. Está el país pujante de los medianos y grandes productores competitivos, asistidos tecnológicamente por sí mismos o por sus gremios.
También está la República Dominicana de los pequeños productores, con poca asociatividad, carentes de crédito y asistencia técnica, es decir, verdaderos proletarios rurales. Y está, por supuesto, para ambos sectores, el país de una crítica infraestructura rural (caminos, puentes, carreteras, canales de riego), ausencia de bienestar social real y sólido, y una masiva presencia de haitianos que afectan la convivencia de las poblaciones rurales.
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Si es por el nivel de reclamo constante de mejores acciones dirigidas a este sector, estamos en el país del gran abandono agropecuario, y las consecuencias son: alimentos con altos precios y baja oferta, reaparición de plagas y enfermedades en cultivos y animales, y la corrupción cada vez más creciente por un manejo opaco e irracional de las licencias de importación, que ha sido la marca del Gobierno.
Mientras tanto, se le ha conferido credibilidad a que la disponibilidad de alimentos es igual a asequibilidad.
Cada negación oficial le procura la condena casi unánime y se le exige poner freno a la especulación despilfarradora e ignorancia del riesgo, colocando en manos desintegradoras, desprovistas de una acertada planificación, la implementación de programas de mejoramiento de la oferta.
Ya era hora, aunque tarde, de que el Ministerio reciba la dirección adecuada para corregir tantas desviaciones en un sector tan desatendido y a merced de tantos ineptos y corruptos tolerados por la obstinación presidencial.
Período oscuro para la agricultura, cuando precisamente más se necesita de una fuerte alianza de la tecnología y las buenas prácticas, de personas competentes, bien preparadas, eficientes, capaces de generar confianza, honradas y ejemplares, para afrontar el complicado desafío de producir alimentos en abundancia y de calidad.

