Editorial

Tiburón y sardina

Tiburón y sardina

República Dominicana  presenta el peor balance de intercambio comercial entre  todos los países de Centroamérica firmantes del Acuerdo Libre de Comercio con  Estados Unidos (DR-Cafta), con un déficit que sumó  en enero de este año 282.2 millones de dólares, equivalentes al 111 por ciento del déficit  alcanzado por todas las naciones de la región.

Datos  del departamento de Comercio de Estados Unidos, recopilados por el economista Luis  Vargas, arrojan que  durante los 35 meses de vigencia del DR-Cafta (marzo 2007-enero 2010), la economía dominicana ha registrado un saldo negativo de  seis mil 396 millones de dólares en sus transacciones comerciales con la economía estadounidense.

Esas terribles cifras son demostrativas de que más que ampliar su comercio  hacia la primera economía del mundo, República Dominicana ha quedado enredada en camisa de once varas con la firma de ese acuerdo ampliamente ventajoso para Washington.

Durante los  casi tres años de vigencia  del  DR-Cafta  el valor de las importaciones de bienes y servicios desde Estados Unidos  alcanzó US$17 mil 507 millones y las exportaciones hacia ese mercado apenas once mil 461 millones de dólares, lo que sin dudas reedita la fábula del tiburón y la sardina.

Aunque en 2009 el crónico  déficit del intercambio comercial con el mercado estadounidense se redujo en un 25 por ciento, de acuerdo al informe, en enero de este año, el monto de las exportaciones decreció en 2.1 por ciento, mientras que las importaciones crecieron en 3.6 por ciento, por lo que el  desbalance  retomó  su nivel de alza.

Duele saber que  una economía como la dominicana, mercadeada como pujante o en plena expansión, figure en el último puesto entre todas las naciones firmantes del DR-Cafta  al mantener el peor déficit en  su balanza comercial con Estados Unidos. ¿Qué está pasando?

El sector agropecuario aparece  como el más golpeado en el marco de ese extraño acuerdo de apertura comercial, toda vez que  las exportaciones de bienes agrícolas y pecuarios han decrecido,  mientras las importaciones  de alimentos se incrementan en forma desproporcionada.

Parece llegado el momento  de reclamar una revisión profunda de ese acuerdo, bajo la premisa de que nadie está obligado a lo imposible y porque hasta ahora la economía  dominicana  ha salido perdidosa en esa relación comercial, imposible matrimonio entre tiburón y sardina.

El Nacional

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