Editorial

Tiempo perdido

Tiempo perdido

Por más sentidas que puedan ser las demandas, huelgas como la patrocinada por la Federación Nacional de Transporte Dominicano (Fenatrado) en protesta por la indexación de los carburantes no son el pulso que mandan estos tiempos para evitar o dirimir conflictos. Tan censurable como el paro ha sido la indiferencia del Gobierno para abocarse a un diálogo con los transportistas en torno al reajuste de los precios de los carburantes.

Aún no tuviera nada para compensarlos, como se hizo con el sector empresarial, el presidente Leonel Fernández tenía que convocar a los gremios de transportistas y organizaciones sociales que se han pronunciado y movilizado contra medidas fiscales, que en realidad se veían venir tras el derroche en que se incurrió durante el proceso electoral.

No se puede ignorar que la epidemia de dengue, que cada día cobra nuevas vidas, los apagones, la crisis en el suministro de agua potable, la acumulación de basura, el aumento y la inestabilidad en los precios de los alimentos y las medicinas, la inseguridad ciudadana, el proyecto para utilizar los fondos de pensiones y los escándalos de corrupción constituyen caldo de cultivo para las protestas sociales.

Pero el hecho de que el Gobierno nada hiciera por evitarlo tampoco justifica un paro que sólo dejará pérdidas y sobre el cual ni siquiera existe consenso. Federaciones como La Nueva Opción y de Transporte Turístico, así como las centrales Nacional de Trabajadores del Transporte (CNTD) y de Transportistas Unificados (CNTU) endosaron su apoyo al movimiento, en tanto que Conatra y otros gremios lo rechazaron.

Una huelga en el transporte de carga deja siempre sus efectos en la economía, máxime porque afecta los puertos, el traslado de alimentos y  materiales de construcción. El monopolio que ejerce Fenatrado constituye la principal carta para garantizar el relativo éxito de la protesta de los camioneros.

La credibilidad es uno de los problemas que ahora mismo tiene el Gobierno. Pero todavía así tiene que buscar la forma de retomar el diálogo como la vía más expedita para abordar la problemática económica y social en lugar de ampararse en su mayoría congresual para imponer medidas impopulares.

Por más pacíficos que sean, paros como el de hoy, que sólo tienden a alterar la paz y que envían un mensaje de inestabilidad social, deben evitarse a través de ese valioso recurso a que ha apelado el presidente Fernández para mediar en diferendos y conflictos internacionales. Más cuando un cúmulo de problemas sociales fomenta una gran incertidumbre en la población.

El Nacional

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