Contenido similar, distintas etiquetas. De izquierda o de derecha, hay una constante que identifica a las dictaduras sufridas en América Latina, durante el siglo pasado y las primeras décadas del presente. Han explotado los sentimientos nacionalistas hasta la saciedad, apelando a hechos y consignas con vanas pretensiones heroicas.
Con ello, se han agenciado una red de apoyo regional, impulsada más por pasiones y espejismos liberales que por la razón.
Cabe destacar que las marcadas con el sello socialista han sido más eficientes en la tarea de proyectarse como fuerzas de rescate y reivindicaciones en favor de las clases desposeídas, las más vulnerables.
Una gran mentira con pésimos resultados para las economías sometidas a políticas clientelares, parasitarias, en las que los sistemas productivosson relegados a un plano insignificante.
Puede leer: El desayuno en RD
La meritocracia, propia de las sociedades en ascenso, con vocación capitalista, es sustituida por las recompensas personales, familiares y partidistas impuestas amén del afán de lucro y el empoderamiento de individuos y grupos emergentes cuyos objetivos inmediatos se limitan a superar o suprimir a los agentes económico vitales que, durantes generaciones, han establecido una cultura y esquema productivo, operando eficazmente.
Las ideas y el comportamiento de la izquierda latinoamericana no ha logrado asimilar ni conciliar con este orden. Así, los experimentos de Cuba y Venezuela son ejemplos al canto, muy venidos al caso.
Durante el siglo XX, América Latina vivió numerosos regímenes dictatoriales y autocráticos, que tuvieron un impacto significativo. Porfirio Díaz en México, Noriega en Panamá, Videla en Argentina, De Francia y Stroessner en Paraguay, Trujillo en Dominicana, Pinochet en Chile, Castro en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela.
Modelos autoritarios, dramático teatro con una mezcla de ideologías como telón de fondo -disputas y narrativas atrayentes- para ocultar o disimular las atrocidades más deleznables. Creando así condiciones sine qua non para perpetuarse a despecho de la ley y el orden constitucional.
De ahí la necesidad de que fuerzas externas y la comunidad internacional acudan en auxilio para poner fin a esas tiranías. Como ha ocurrido en Venezuela.

