Toques



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La muerte de mi hija.-

¡La vida es una rueda y no se detiene!

El autor lo sabe, porque esa vida, siempre lo ha elegido para hacer pruebas de fortaleza.  Señalaré un par.

Primero: La muerte de un hermano mayor, luego mi madre, posteriormente una hermana  y más tarde el padre.

Tenía entendido que con el fallecimiento de mi madre, mi vida había terminado. Hace 18 años que pereció y todos los días la recuerdo varias veces.

La miro en oportunidades y charlamos.

Segundo: Padecer serios problemas de salud, pero carajo, aprendí a burlarme de los dolores.
Tercero: El miércoles 19 me sorprendió la vida, cuando vía telefónica me enteré del fallecimiento, en Nueva York, de mi hija Bianka, fruto de un cáncer renal.

El mundo me cayó encima y caí en un vacío.

No podré mirar su cuerpo, por el impedimento de viajar, por la crisis del coronavirus.

Confieso que el dolor es mucho más grande que el ocasionado por la pérdida de mi madre. No estoy preparado para soportarlo.

Mi corazón salió de mi cuerpo y voló, está en Nueva York y mi cuerpo en República Dominicana. ¿Cómo es posible? Sí lo es.
Ojalá la vida deje de hacer pruebas conmigo, se lo ruego y espero que éste sea el episodio final de esta buena y larga pelicula que ha sido mi vida.

Espero verte pronto, hija de carácter fuerte y hasta “malcriada”, condición que nuestros familiares y amigos la atribuían, a que “es igual a su padre”.
¡Hasta pronto, Bianka!

TOQUECITOS… Esa misma vida también ofrece satisfacciones que jamás olvidaré… Cientos
y cientos de llamadas telefónicas de la Capital, Santiago y todos los pueblos del país… Llamadas del exterior, principalmente de periodistas, locutores y deportistas… Amigos todos, mis excusas porque no puedo señalarlos por sus nombres, pues no caben en el espacio asignado por el periódico…En nombre de mi familia y el mío, gracias del alma por compartir nuestro dolor… Pasarán los nueve días y no habrá oportunidad de reunirnos a compartir la tristeza… La vida me traicionó trayendo esta pérdida de mi hija en un momento donde no podemos abrazarnos y saludarnos, por la crisis que vive el mundo con el coronavirus, pero hemos conversado y nosotros, la familia, nos sentimos aliviados con cada una de sus llamadas y de su apoyo… Gracias a todos.