Ninguno de los remedios que se aplican a la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) ha podido detener o disminuir la hemorragia de pérdidas y déficit que convulsiona a ese emporio público, que ha costado al erario más de 90 mil millones de pesos en apenas tres años, y aún el rancho sigue ardiendo.
Al final de 2010, el Gobierno deberá transferir 300 millones de dólares al sector eléctrico para completar un déficit de US$690 millones, a pesar de que el Fondo Monetario y las autoridades de la CDEEE estimaron que este año el monto sería de 390 millones de dólares, por lo que hubo que sangrar de nuevo al Presupuesto Público con el equivalente a once mil 500 millones de pesos.
El nombramiento de extranjeros al frente de las empresas distribuidoras de electricidad ni la campaña persuasiva o disuasiva para incrementar el cobro de la factura eléctrica han servido para aliviar el irrespirable estado del holding eléctrico, lo que acentúa un deplorable escenario matizado por el hecho cierto de que la población paga más por más apagones.
No parece tener sentido que en la industria eléctrica las pérdidas correspondan exclusivamente a la CDEEE y a sus compañías afines, mientras que las ganancias se concentran sólo en las compañías generadoras de electricidad, dos de las cuales obtuvieron beneficios en 2009 por más de mil millones de pesos.
Hace tiempo que se reclama de las autoridades revisar los contratos hartos onerosos suscritos con empresas generadoras y con productores independientes de electricidad, algunos de lo cuales incluyen cláusulas tan viles, como la que obliga a pagar más de cinco millones de dólares mensuales por una planta apagada o la que hace responsable al Estado de todos los actos de Dios que causen daño a sus estructuras.
El déficit del sector eléctrico para el 2001 puede ser similar o mayor que el actual por el previsible incremento en los precios internacionales del petróleo y sus derivados, a causa de las pérdidas en el valor del dólar por la denominada guerra de las monedas que escenifican las principales economías del mundo.
Se resalta que en lo que va de siglo el sector privado no ha agregado ni un kilovatio a la producción de energía eléctrica y que, por el contrario, una confluencia de intereses locales ha impedido que inversionistas de los Emiratos Arabes Unidos y de Canadá instalaran aquí dos plantas de 600 megavatios cada una.
Ante tan tenebroso panorama y lúgubre porvenir del sector eléctrico, lo aconsejable ha de ser que el Gobierno imponga un torniquete a la CDEEE para que al menos detenga la hemorragia de millones de dólares y de pesos que se pierden en ese barril sin fondo.

