Aunque mucho se habla de libertad de prensa, aquí se ejerce un periodismo restringido por múltiples trapisondas oficiales, como la que se empleó ayer para impedir que la prensa cubriera la llegada de Sobeida Félix Morel.
En ningún país donde se respete el libre acceso a toda fuente de información, se aplica el burdo impedimento oficial a los periodistas que intentaron cubrir la traída al país de esa imputada.
Al conocerse que Sobeida Félix sería deportada desde Puerto Rico, se corrió la versión de que sería retornada por el aeropuerto El Higüero, con el evidente propósito de confundir a los medios de comunicación que se preparaban para cubrir las incidencias de ese suceso.
En la tarde se informó que la prevenida sería traída en un vuelo que aterrizaría cerca de las 7:00 de la noche en la base aérea de San Isidro.
Periodistas, fotógrafos y camarógrafos sufrieron las de Caín para poder ingresar a ese recinto militar, donde un coronel les advirtió que no podrían entrevistar a la dama y que su labor se limitaría a realizar fílmicas y fotos desde un distante lugar.
Fue entonces cuando se materializó el engaño fraguado contra la prensa, al anunciarse que el avión con Sobeida aterrizaría por el aeropuerto Las Américas, a donde no podrían llegar a tiempo los periodistas varados en San Isidro.
Es inválido el argumento de que el avión no pudo aterrizar en San Isidro a causa del mal tiempo porque esa situación también prevalecía en Las Américas o porque debió comunicarse esa eventualidad con suficiente antelación.
Lo que se logró fue ocultar el insólito aparataje de agentes de la DEA y del FBI en la terminal Las Américas, como si se tratase de un escenario de guerra o de invasión militar.
No se hable de libertad de prensa en un país donde por razones políticas se cierra un canal de televisión y se enfrenta una decisión judicial para reabrirlo, y se incurre en maniobras para impedir el trabajo de periodistas.

