Si no fuera por la foto servida ayer por El Nacional difícil sería creer que narcotraficantes lograron cavar un túnel en una concurrida esquina de Santo Domingo para usarlo como vía de escape y operar un laboratorio de drogas.
El pasadizo fue construido debajo de la intercepción formada por las calles José Martí y Baltazar de los Reyes, en el populoso barrio Mejoramiento Social, sin que al parecer ningún vecino se enterara de esa extraña excavación.
Grupos de narcos apostados en esa esquina repelían con frecuencia a tiros a agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y luego escapaban por el túnel que también conducía a un traspatio donde operaba un laboratorio centro de expendio de cocaína, marihuana y crack.
La existencia de ese corredor es indicativo del avance y expansión del narcotráfico, pero también del temor o complicidad de la comunidad ante el hecho inaudito de operar un túnel para procesar y vender drogas y poder escapar de las autoridades.
Ese túnel fue cavado en un lugar de flujo peatonal, de tránsito y comercial por lo que mucha gente sabía de su existencia, pero prefirió callar por miedo o disimulada complicidad.
No pocos barrios populares y mentados sectores residenciales están hoy bajo virtual control de bandas de narcotraficantes que emplean todo tipo de artimañas para expandir sus actividades criminales, que incluye ya cavar túneles o aislar caseríos para procesar y almacenar drogas.
Sin el concurso activo de la sociedad, a través de sus entes organizados sería menos que imposible poder frenar el auge del narcotráfico porque -se repite- ese túnel del narco se cavó al amparo de la complicidad o miedo comunitario.
A pesar de los ingentes esfuerzos de la DNCD, Policía y Ministerio Público, los puntos de drogas se multiplican como mala yerba, por lo que se requiere de una mayor dosis de conciencia social en la lucha contra este flagelo de lesa humanidad.
Cavar un túnel o pasadizo en una céntrica esquina es desafío más que temeridad de un narcotráfico que se expande a sus anchas.

