Editorial

Un alto conveniente

Un alto conveniente

Sin que  se proclamen todavía los ganadores   de los  comicios del 16 de mayo, ya   los partidos políticos y  el Gobierno han abierto compuertas para una prematura campaña electoral con miras a las elecciones presidenciales programadas para dentro de dos años.

 Más de una veintena de dirigentes políticos y funcionarios oficiales madrugan en  proselitismo con la intención de  conquistar la candidatura presidencial de sus respectivos partidos.

Muchos meses antes de que la Junta Central Electoral (JCE)  anunciara el inicio de la campaña electoral, en marzo de este año,  más de medio Gobierno y toda la dirección partidaria se volcaron  en proselitismo tempranero.

Esa vez, los partidos  arrancaron con más de mil 85 millones de pesos entregados por la JCE, además de las árganas gubernamentales,  de los barrilitos congresionales y de más  dinero colectado en otros  altares.

Durante 2010 no se ha hablado de nada más que de campaña electoral, mal uso de recursos públicos,  denuncia de  fraude, y  querellas al interior de los partidos.

Temas como  crisis eléctrica, seguridad ciudadana, déficit fiscal, caos en el transporte, corrupción administrativa, narcotráfico y deserción escolar han quedado relegados a un segundo plano, porque lo que interesó a Gobierno y oposición es poder  controlar Congreso y municipios.

Cuando se creía que la ciudadanía tendría un merecido  respiro, luego de las elecciones de medio término,  el ruido electoral  sigue atormentando al sosiego público.

En los partidos de la Liberación (PLD) y Revolucionario (PRD)  continúa  la efervescencia proselitista ahora con por lo menos  14 aspirantes a la candidatura presidencial  que ya han soltado amarras.

Concluido el proceso electoral de mayo 16, la sociedad  merece   un  espacio de reflexión    en el que  confluyan  Gobierno, élites políticas, empresariado y sociedad civil en procura de  soluciones  a males  urgentes y medulares de la nación.

 A casi dos años de las elecciones presidenciales resulta imprudente emprender  alocada carrera  electoral que sólo  sirve para  acentuar discordia al interior de los partidos y para  que  funcionarios públicos prosigan  su extendida parranda.

Un alto es conveniente para la nación y para propios integrantes del circo.

El Nacional

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