Carta de los Lectores

Un caso penoso

Un caso penoso

Carta de los lectores

Adolorido por las enfermedades que padece y por el abuso de confianza comedido en su propia casa contra él y su pareja, el señor Agustín Feliz narra con amargura e indignación, cómo fueron engañados por un señor que se vendía como pastor en clara complicidad con una hija. Narra el señor Agustín que el pastor evangélico, quien tiene buena amistad con ellos. Dice que una hija del portador de la biblia es amiga de su esposa Marilín Rosario.

Aprovechando esa buena relación personal y entre familias, biblia en manos y corazón ardiendo, el predicador preparó el ambiente y logró que Agustín y Marilin pusieran en sus manos para la venta el vehículo marca  HyundaI 2011.      

El reverendo se llevó el vehículo para un dealer que tiene en la carretera Mella para realizar dicha venta, pero ahora no aparece el vehículo, ni el dinero, ni predicador. De las citaciones que le ha hecho la fiscalía de Invivienda, solo compareció a una donde se comprometió a devolver el dinero a su dueño, pero nunca honró su palabra.

Según don Agustín y su esposa, a su debido tiempo la fiscalía solicitó y obtuvo una orden de arresto contra el predicador, pero no ha habido forma de arrestarlo por su aparente experiencia como corredor. La pareja víctima de este abuso de confianza previene a la población cuidarse y no confiar en nadie, y menos cuando de por medio hay algún recurso de valor económico.

Este hecho perverso (según las víctimas),  afecta también las iglesias y su feligresía, pues nadie imagina que un hombre dueño de un dealer, con cara de serio, que dice ser pastor y predica como tal, y con su hija de completa confianza de las víctimas, se iba a prestar a un engaño de este tamaño y de esa forma. El mismo día del acto de engaño,  predicó a la víctima mientras sufría fuertes dolores causados por diferentes enfermedades.

Fingía que era un hombre de fe, que conocía de la palabra y que sabía de cristianismo, mientras  afirmaba en su falsa prédica que el Señor estaba interviniendo por su salud y que con su prédica se sanaría, pero por detrás le estaba metiendo un cuchillo: gritaba la señora, repitiendo sin cesar que su esposo vendía ese vehículo por necesidad de enfrentar sus problemas de salud, pero los predicadores tenían otros propósitos, por lo que la ciudadanía debe estar alerta ara no caer en trampas.

Por: Lic. Santiago Martínez

El Nacional

El Nacional

La Voz de Todos