La presentación de Pinocho-Guloya, que ha estremecido los medios teatrales y del público que conscientemente sigue la escena criolla, reconvierte el cuento de Collodi con una calidad internacional y proclama, sin panfleto ni discursos, el sentido creativo de la familia.
Claudio y Dimitri Rivera, cuando terminan sus entregas de un histrionismo y una química que trasciende al mismo teatro, descienden a platea con sus ojos tras el espejo de las lágrimas. Lo que acaba de acontecer en escena, supera al teatro como disciplina expresiva.
La característica general del montaje de Pinocho es únicamente el amor cuidadoso. El resto es aderezo.
Muy pocas veces acudimos a la conjunción de factores que canaliza Pinocho, desde la excelencia creativa de su programa de mano (responsabilidad del taller grafico Medio Peso), las actuaciones sinceras, hondas, aleccionadoras y matizadas por una sinceridad humorística notable, sellada por la interpretación de dos generaciones actorales.
El futuro del teatro queda fuera de toda duda o vacilación.
Desde las tablas emana, en un ritmo armonioso, talento, sentido de responsabilidad artística y corrección y cuidado de cada detalle.
En Claudio Rivera, impera la maestría en su manejo de la voz, su expresividad corporal, su sentido innato del comunicador de arte.
En Dimitri se tiene un factor de novedad creativa juvenil que ofrece su mejor entrada al teatro adulto. La relación de ambos en escena.
Pinocho vuelve a escena este fin de semana.
UN APUNTE
Ficha técnica
Título: Pinocho
Autor original: Carlos Collodi; Dramaturgia, dirección y selección de banda sonora: Claudio Rivera; Producción ejecutiva: Viena Rivera; Programa de mano: Medio peso; Diseño gráfico: Estudios Manzano; Escenografía: Lenin Paulino y Vestuario: vera Bertuzzi.

