Editorial

Un poco más

Un poco más

Ministerio Público y  Policía parecen haber esclarecido el atentado criminal  perpetrado el 2 de junio de este año contra el abogado y comunicador Jordi Veras, del que se acusa a supuestos sicarios que habrían sido contratados por  el empresario Adriano Román, quien cumple condena de 20 años de prisión por el intento de asesinato de su ex esposa, acción encomendada también a matones.

La aparente solución a ese crimen que consternó a la sociedad  dominicana se ha logrado como resultado del  desmantelamiento de una banda dedicada a grabar  parejas en moteles para luego extorsionarlas,  y cuyos integrantes se afirma que operaban también como red de sicarios que según las autoridades fueron contratados para asesinar al  jurista santiaguero.

El decomiso de una grabación de una conversación  sostenida por Román con la persona que se afirma contrató a los sicarios, parece ser la prueba mayor contra el grupo de cuatro individuos sindicados como autores materiales del hecho, entre los que figuran un ex primer teniente y un ex sargento de la Policía.

El abogado Ramón Antonio Veras (Negro), padre del profesional baleado, cree que  en  el intento de asesinato participaron otras personas, por lo que las autoridades no deberían cerrar tan complejo expediente,  en el que además de identificar a supuestos culpables se  consigna el desmantelamiento de una banda de sicarios con conexiones foráneas.

Esa banda de sicarios y extorsionadores, disfrazada  en una agencia de detectives, tenía un amplio catálogo criminal, lo que obliga al Ministerio Público y a la Policía a ampliar las pesquisas  a los fines de ubicar otros socios, algunos de cuyos nombres podrían resultarles familiares a propios investigadores.

Se saluda  el anuncio del procurador general, de la fiscal de Santiago y del jefe de la Policía sobre el esclarecimiento del  intento de asesinato contra el doctor Veras, cuando el profesional arribaba a las instalaciones de un canal de televisión, en Santiago, pero se aconseja seguir escarbando entre la podredumbre en la seguridad de que  encontrarán más gusanos.

No es posible creer que  esa red de sicarios y extorsionadores   habría limitado sus tenebrosas acciones sólo a espiar parejas en moteles o cometer un único intento de asesinato por el pago de un millón 500 mil pesos. La historia de terror no parece concluir  en esos episodios.

Fiscalía y Policía deberían aprovechar el éxito que se atribuyen por el esclarecimiento de ese caso y atreverse a llegar más lejos. Un poco más.

El Nacional

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