Por Ramón Rodriguez
(centrodeidiomaswashington@gmail.com).-
Donde quiera se cuecen habas, pues quien diría que siendo Estados Unidos el país modelo de Estado moderno, que nació sin una pizca de feudalismo y que a comienzos del siglo XVIl ya configuraba su organización capitalista a través de la Asamblea General de Virginia y el pacto del Mayflowe, también iba a tener fallos garrafales en su constitución y ambigüedades que hubo que resolver en el camino.
Es más, ese Estado moderno que deslumbró a Alexis de Tocqueville, se vio en la obligación de ratificar su vigesimoquinta enmienda sobre Incapacidades Presidenciales en 1967.
La muerte del presidente William Henry Harrison en 1841 a los 32 días de haber asumido el cargo, creó una crisis constitucional, pues no se sabía a ciencia cierta bajo que condición asumiría el vicepresidente: Johh Tyler.
De manera que si eso ocurrió en un sistema cuya democracia no ignora su rol, los dominicanos no podemos volvernos locos y llorar ante la leche derramada, ante el vacío constitucional que representaría el no celebrar elecciones de acuerdo a los mandatos constitucionales, sino más bien, comportarnos a la altura de las exigencias de un pueblo que ha sufrido los embates del Covid 19.
Ante el miedo de tocar la constitución se impone un acuerdo que garantice la gobernabilidad. Pienso que los nuevos congresistas que resulten electos, deberán abocarse a una reforma para resolver este vacío, pues no podemos olvidar que estamos en la ruta de los huracanes.
Finalmente, pienso que el presidente electo, cualquiera que fuere, tendrá que mirar a la España de 1977 y los Pactos de la Moncloa, donde con mucho más contradicciones que las nuestras, Adolfo Suárez » hizo el milagro» de unir a todas las fuerzas politicas y sociales sin importar ideologías para sacar hacia adelante a una España descalabrada con una inflación de casi un 30 %

