Editorial

Vandalismo desafiante

Vandalismo desafiante

La historia de protestas con un sello vandálico se ha repetido este jueves en la noche con la interrupción del tránsito y la salvaje pedrea a vehículos que transitaban por la autopista Las Américas. Por más indignados que se pueda estar contra los apagones o por la crisis en servicios como el suministro de agua potable, no hay que llegar a extremos de poner en peligro la vida de personas inocentes.

El incidente protagonizado frente a la entrada de la planta AES-Andrés y del puerto multimodal Caucedo, y que coincidió con la denuncia de que en la carretera San Cristóbal-Baní son desvalijados los choferes que se accidentan, se inscribe dentro de acciones con las mismas características que se reportan con frecuencia en el tramo Villa Altagracia-Bonao. La relación indica que los sucesos, aún lo sean, no se pueden ver como hechos aislados.

La pedrea a vehículos e interrupción del tránsito en Las Américas y los demás casos son un síntoma sobre la necesidad de reforzar o tomar medidas para garantizar la seguridad en las carreteras. No hace falta más, pues está demostrado que tanto en horas del día como de la noche en las vías que comunican con el interior el peligro acecha a los transportistas.

Apagones y problemas sociales no se pueden tolerar como pretexto para actos salvajes. Además de que abundan por doquier tampoco son como para llegar a tales extremos. Apedrear vehículos y desvalijar, con suerte, en lugar de auxiliar a los conductores y pasajeros accidentados, son actos vandálicos y crueles, que ameritan ser investigados y sancionados.

De la misma forma en que se repudia el vandalismo ha de tenerse en cuenta que el deterioro de servicios tan fundamentales como el eléctrico, con apagones de hasta 18 horas, y el suministro de agua potable, además de muchos otros problemas, servirá siempre como caldo de cultivo para la violencia social.

Los incidentes del jueves en la noche en Las Américas, las pedreas y balaceras que con frecuencia se reportan a la salida de Villa Altagracia y las prácticas que se han denunciado en la carretera Baní-San Cristóbal exponen la inseguridad que prima en las carreteras. Sin hablar de los riesgos que representan vehículos que transitan sin cumplir las normas o la falta de señales de tránsito.

La Semana Santa puede ser una buena ocasión para diseñar un efectivo sistema para garantizar el tránsito por las principales carreteras.

El Nacional

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