República Dominicana conmemora hoy el Día del Maestro, emotiva efeméride que rinde tributo a quienes asumen la venerable vocación de formar al ciudadano del mañana, incansables artesanos que con tanto amor y pasión labran en cada estudiante un porvenir luminoso o esperanzador.
El maestro se erige junto a la familia como forjador de la conducta y carácter del alumno al que también enseña a abrevar en tórridos manantiales de conocimiento.
Decenas de miles de buenos hombres y mujeres se dispersan cada día por ciudades y campos en la honrosa labor de regar semilla del saber y del entendimiento en las mentes de millones de niños y adolescentes, que es como ayudar a construir la Patria del mañana.
Antes de que el profesor o catedrático informe o enseñe, el maestro ha tenido como alfarero del espíritu que forjar al niño y al joven con fuego de ética, patriotismo, solidaridad, honradez, sacrificio, responsabilidad, civilidad y respeto.
Al maestro se equipara con el buen padre o la buena madre porque es imperceptible el hilo que lo separa, cuando la vocación magisterial emerge plenamente.
La mala noticia de que el Gobierno recortará en un 20 por ciento el magro subsidio a la Educación para transferirlo al esquelético sector eléctrico, transforma la celebración del Día del Maestro en jornada luctuosa.
El ministro de Educación, licenciado Melanio Paredes, ha calificado esa medida como sumamente lamentable que contrasta con naciones como Panamá y Honduras que en vez de disminuir presupuesto dedican grandes partidas al sector educativo.
Duele saber que se despoje a la escuela de los pocos centavos de que dispone para transferirlos al negocio de compra y venta de energía.
Aun así, en medio de la congoja e indignación que causa tan pesarosa decisión, ha de abrirse un espacio para rendir hoy homenaje al maestro.

