El señor Porfirio Lobo viene a República Dominicana con una agenda previa preparada por sus titiriteros, por lo que el presidente Leonel Fernández no tiene otra opción que recibirlo para evitar males mayores con el poder supranacional que ha cortado los hilos de la democracia en Honduras.
Ese mentado presidente electo ha de saber que por la naturaleza espuria de su título, su presencia, que ha estado precedida por la del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Douglas M. Fraser, no es del agrado del pueblo dominicano.
El señor Lobo viene vestido de oveja, sin poder ocultar que ha sido electo en unas comicios montados por un régimen golpista, que no fueron supervisados por ningún organismo internacional y que los votos que le fueron acreditados son resultantes de falsas sumatorias y no de una auténtica voluntad popular.
El presidente Fernández, tildado de negro y comunista por la claque golpista hondureña, ha estado sometido a intensa presión diplomática para que acepte enlodar su investidura con el otorgamiento de aquiescencia a la farsa electoral hondureña.
El mandatario faltaría a la confianza de la colectividad dominicana y de América si bendice el estupro que se ha perpetrado contra la democracia de Honduras.
Es comprensible, sin embargo, la decisión del presidente Fernández de recibir en el Palacio Nacional al señor Lobo, por las razones antes expuestas y porque la figura del mandatario dominicano ha estado asociada al diálogo y no a la confrontación.
El encuentro del presidente Fernández con ese indeseable visitante no significa que República Dominicana renuncie a su posición de rechazo al golpe de Estado en Honduras y al reclamo de retorno al poder de Manuel Zelaya, tal y como lo ratificaron ayer los jefes de Estado de Brasil, Uruguay, Venezuela, Paraguay y Argentina.
El señor Lobo ha venido o lo han mandado al sitio equivocado, porque aquí no jugamos con los principios.
(En prensa esta edición se informó que Lobo había anunciado en Costa Rica la suspensión del viaje a República Dominicana. Si eso es cierto, está muy bien hecho).
